viernes, 6 de noviembre de 2009

Cuentos Ganadores del IV Concurso Literario (2º puesto)

A continuación, los cuentos que obtuvieron el 2do premio del certamen.

1er año

Cocoliche.

El regalo más esperado.

Tiempo atrás una señora judía vivía en una pequeña casa, junto a su familia en Argentina .Sara era una señora mayor, trabajaba desde hacía muchos años como niñera en la casa de una familia adinerada, porque venía de una familia muy pobre.
Sara siempre había tenido el sueño de poder estudiar, ir a la escuela y educarse al igual que el resto de los niños, pero nunca lo pudo cumplir, ya que sus padres no tenían suficiente dinero para mandarla junto con sus dos hermanos a la escuela.
Al pasar los años, Sara seguía trabajando de niñera para poder mantener a su familia. Sara esta casada con Uriel, que siempre la ayudaba y al igual que ella trabajaba mucho para poder cuidar a sus hijos. Ellos tenían tres hijos: Saúl, de 10 años, Martha, de 6 años y David de 13 años.
Los hijos de Sara se reunían junto a otros niños, que tampoco podían pagar una escuela, en un pequeño templo que ayudaba a toda la gente pobre y enseñaba a todos los niños sobre la Torá y las distintas festividades judías.
Los años pasaron y el sueño de poder estudiar todavía estaba en el corazón de Sara.
En su trabajo Sara era muy querida por sus patrones, la señora Miriam, su esposo Simón y sus dos hijos Martín, de 8 años y Julieta, de 10 años. Había cuidado a Martín y Julieta desde que eran chicos, por esta razón la familia la apreciaba mucho. Ella cocinaba, limpiaba y sobre todo cuidaba y ayudaba en todos sus problemas a los chicos.
Un día cuando estaba cocinando, su patrona vio que estaba muy triste y llorando. Ella le pregunto que le pasaba y la respuesta de Sara fue contarle su sueño: poder estudiar y tener un titulo al igual que todas las personas.
Luego de esa pequeña charla, que Miriam nunca olvido, recordó lo que Sara dijo “poder estudiar”. Entonces empezó a hacer memoria acerca de todo lo que ella había ayudado en la crianza de sus hijos y en todo lo que ella necesitaba, Sara estaba ahí.
Una tarde Miriam notó que el cumpleaños de Sara se acercaba y debía hacerle un buen regalo, por los años trabajados en su casa. Se puso a pensar y descubrió que el mejor regalo que le podía hacer era una beca para estudiar en una escuela de gente mayor y así poder cumplirle el sueño.
El día del cumpleaños de Sara llegó y al entrar a la casa de trabajo Miriam la sorprendió con una torta y un sobre que a Sara le dio mucha curiosidad. Luego de soplar las velitas, Miriam le dijo en unas pocas palabras lo importante que era para ella y que nunca se iba a olvidar todos los años trabajados en su casa.
Al término de una larga y emocionante charla, llego el momento de entregar el misterioso sobre que Miriam había tenido en sus manos desde el momento en que Sara llego. Al abrirlo Sara se emociono y le agradeció a Miriam por el enorme regalo que le había hecho: una beca para estudiar en una escuela para adultos, la mejor del país, para que también pudiera recibirse y tener un titulo.
A partir de ese día Sara durante la mañana trabajaba en la casa de Miriam y durante la tarde estudiaba para poder ser maestra y enseñarles a todos los chicos la importancia de estudiar y poder tener un título.
Los años pasaron y Sara se recibió de maestra, pero no cualquier maestra, una que enseña a los chicos que no pueden pagar una escuela al igual que ella en su niñez.


2do año

Patria mía Seudónimo: LIBRA

Herzl creció en Hungría
Quiso ser periodista
Con sus palabras
Al pueblo judío conmovió.

Ayudó a organizar el sionismo
Para obtener el territorio judío
Que Herzl deseaba
Con todo su corazón.

En el caso Dreyfus
A un judío se acusó
Por traición a la nación
El antisemitismo creció.

El caso se resolvió
Y Herzl comprendió
Que nunca libres seríamos
Sin un Estado judío.

Hoy podemos disfrutar
El estado que él soñó
Ya que nada le importó
Los obstáculos que encontró.



3er año


Los falsificadores


Habíamos intentado de todo pero no se curaba. Nadie entendía porqué. Era muy curioso, pero los medicamentos que consumía no le hacían efecto. Mi madre, Ester de 48 años, estaba enferma de cáncer y tenía muy pocas posibilidades de curarse, pero ella luchaba por mis hermanos y por mí.
Tomaba siete comprimidos de sus remedios recetados por su medico de confianza, Hugo Sberlof. Así estuvo un año y medio pero seguía todo igual o si bien peor.
Estaba en una situación muy complicada, los médicos nos decían que era muy difícil que pueda salir adelante. Para nosotros, fue como una puñalada en el corazón.
Ester seguía su vida habitual, igual que siempre, salvo que tenía algunos sueños que los quería cumplir. Vivíamos en Abramo, La Pampa, provincia de Buenos Aires, un pueblo con pocos habitantes. A mi madre se la quería mucho, y por eso le hacían fiestas sorpresas, nos reuníamos para almorzar. Esto le encantaba y le hacía muy feliz.
Faltaban pocos días para el cumpleaños de mi hermano Lucas de ocho años. Él tenía mucho miedo de que mamá no estuviese para su cumpleaños. Ester le estaba preparando una sorpresa para Lucas, por si no llegara a estar presente. Seis días antes del cumpleaños, ella estaba muy mal, no podía caminar, las piernas le temblaban, tenía dolor de cabeza y no tenía ganas de levantarse de la cama. Traté de no contarle a mi hermano para que no se asustara, pero él ya empezaba a sospechar. Para no mentirle, cuando me preguntaba por mamá, le cambiaba de tema. Las pastillas que tomaba parecía como si no las tomara, porque no le hacían efecto.
Ella me decía: - me siento muy mal, veo todo borroso, siento que me quedo ciega. No sé si voy a llegar al cumpleaños de Lucas – con voz ronca.
- quédate tranquila, va a salir todo bien – le contestaba mintiéndome a mi mismo.
Mi papá, Gustavo de cincuenta años, llego de trabajar muy cansado y la vio a su esposa acostada transpirando. Se asusto mucho. Estaba volando en fiebre. Llamó a Hugo y le comentó lo que pasaba. Él vino hasta mi casa y cuando la terminó de revisar, nos dijo que lo que le sucedía no era bueno, entonces la llevaron al hospital y la internaron.
Faltaban cuatro días para el cumpleaños, y mi mamá seguía internada en el hospital. Cuando salí del colegio fui para hacerle compañía, hasta que mi papá termine de trabajar. Ella no estaba conciente, estaba muy pálida. Eran las ocho y media de la noche. Le trajeron la comida a la cama, pero ella decía que no tenía hambre. Yo la insistía para que coma, así se mejoraba. A las nueve llegó mi papá.
-Shlomo anda para casa – Me dice mi papá. Y yo me fui a cuidar a mi hermano para que no se quede solo.
Llegue a mi casa. Prepare algo rápido para comer. Nos fuimos a acostar y a eso de las tres de la mañana sonó el teléfono. Atiendo y era mi papá. – Ester murió – Me dice llorando. Yo me quedé helado, pareciera como si un camión me pasara por encima. Corte, no sabia como decirle a Lucas. Lo desperté y le hablé muy claramente para que me pudiera entender que mamá ya no iba a estar con nosotros.
Empecé a investigar las pastillas. Busqué al mejor especialista, pero se encontraba en Israel. No me importaba cuán lejos me tuviera que ir, solo quería terminar la investigación. El hombre se llamaba Bartolomé Bedoya Agüero. Apenas terminé la secundaria, fui para allá.
Después de tres años de estar en Israel con Bartolomé, lo investigado fue que las pastillas eran vendidas vencidas y por esa razón no le hacían efecto. En esa época hubo 300.000 casos. Encontré a los estafadores, uno de esos se llama Juan Carlos Gonzáles. Todos fueron detenidos y esos remedios falsos que quedaron fueron recolectados y quemado para que nadie los pudiera tomar ni sufrir ningún inconveniente.
Una vez que logré mi investigación, me volví a mi casa junto a mi papá y mi hermano. En la Argentina, estudie bioquímica, porque aprendí mucho sobre el tema y me gusto. Cuando terminé la facultad, volví a Israel donde hice mi propia empresa que le puse de nombre samim, cuyo significado es medicamentos en hebreo. Por suerte me fue muy bien y hoy en día sigo luchando por las vidas que se perdieron a causa de esos delincuentes.


4to año

Vuelta a la vida

Deseaba tanto sentir sus brazos rodeándome en un calido abrazo; escuchar sus sabias palabras una vez mas o el simple hecho de verlo sentado en el viejo sillón crema del comedor mirando programas como “CSI” o “Law & Order”.
El solo hecho de haber sentido su presencia a mi lado me hubiese hecho feliz una vez más. Anhelaba con todo mi corazón sentirme así, tenerlo a él.
Mi mente no me daba tregua ni respiro con dicha necesidad de sentirlo cerca de mí una vez más, simplemente no paraba de desear que fuera cierto, que estuviese conmigo.
Una tarde de invierno tras la larga jornada escolar volví a mi casa me deshice de los abrigos, la mochila y la vianda y deje a mi cuerpo caer sobre el tibio colchón en la pieza de mis abuelos. Me arrope y mire a mi alrededor.
Las lágrimas invadieron mis ojos en señal de la nostalgia que mi corazón albergaba y esta sensación de desahogo combinada con el agotamiento físico que cargaba conmigo me sumieron en un sueño profundo.
Me sentí levantar de la cama y camine en dirección al comedor de mi casa en busca de un poco de agua ya que tenía la garganta reseca. Conforme daba mis pasos hacia la puerta de la habitación que me conduciría directamente a mi destino comencé a escuchar un murmullo casi imperceptible que incrementaba su volumen a medida que yo avanzaba.
Atravesé el umbral de la puerta y mis ojos se posaron en la televisión que se encontraba encendida y retumbaban fuertemente las voces en ingles que de esta provenían.
No había nadie en la casa por lo que me resulto extraño el ver la pantalla prendida siendo que al hacer memoria sobre mis pasos al llegar a casa yo no había tocado en ningún momento el control de esta. Mire el canal del cual corría la programación y un escalofrió recorrió mi cuerpo. Era el número treinta y tres.
Voltee instintiva en dirección a donde se encontraba el viejo sillón crema y las lágrimas amenazaron salir de mi rostro. Se encontraba él sentado sonriente mirando uno de aquellos programas de investigación policíaca que tanto le gustaban. Me acerque lentamente hacia su persona y me senté en una silla en diagonal a su ser.
La propaganda hizo que desviara la vista de la pantalla y me mirara con sus ojos café.
No pude contenerme y me abalance sobre el estrechándolo fuertemente en un abrazo que no quería jamás termine mientras el besaba mis mejillas y mi frente y susurraba cosas como “no estas sola, me tenes a mi a tu lado, siempre”.
Las lágrimas desbordaron incontenibles de mis ojos y sentí una suave caricia en mi mejilla, las palabras “TE QUIERO” surgieron de mis labios y abrí los ojos encontrándome nuevamente en la cama de mis abuelos.
Me estremecí al recordar el sueño y al pensar en sus palabras, pero ya no llore; la tristeza fue suplantada en mis ojos por una chispa de felicidad y una sonrisa se curvo en mi labios. Pensé nuevamente en él, y en mi sueño y salí de la cama.
Me encontré a mi misma expectante a la idea de que mi deseo se había en cierto modo vuelto realidad, y que podría repetir eso cuantas veces quisiera siempre que no perdiera la capacidad de soñar.


5to año

“Mis compañeros”

Épocas oscuras en las ciudades que las luces son lo que llaman la atención. En la gran manzana, no vemos más que putrefacción, los unos con los otros luchando por su pedacito ínfimo de tierra, desesperados defendiendo lo poco, pero suyo. Una de las épocas más terroríficas para las personas diferentes a lo que el resto cree correcto y normal, y también para la economía del momento, del mundo. Empresas que van a la quiebra luchan por seguir en pie, los mismos obreros dejan su alma y cuerpo para restituir un orden. Así como miles de ejemplos de gente que quedo a la deriva, sin nada, hay otras excepciones, personas, individuos únicos, que a cualquier problema le hizo frente, cual soldado frente a su enemigo. Uno entre miles de casos, que vio en verdad de lo que es capaz la esperanza y la confianza.

“No podemos seguir parados en este escenario sin hacer nada, nosotros somos los únicos que quieren mejorar, que quiere progresar, que quieren crecer, pero no somos aquellos que retrasan y nos quieren separar. Desde la navidad de 1929 que estamos tratando de levantar esta familia, esta industria, llevarla a cabo sin que gente, con maldad sin escrúpulos, sin límites, nos impida volar. Nosotros sabemos que la gente de nuestra “especie”, como les gusta llamarnos, como si fuéramos animales, y ellos los que ya evolucionaron, como si tuviéramos capacidades diferentes de progresar, como si ellos fueran los superiores y nosotros fuéramos los domesticados, los autómatas que harían todo lo que ellos quisiesen, pero no, ahora tenemos la oportunidad de crecer, mis compañeros, no dejemos que nuestro color de piel, o nuestro lugar en esta pirámide social llena de discrepancia, de desigualdad e injusticia. Veamos esta crisis como una oportunidad, veamos esta crisis como una posibilidad de desarrollarse como verdaderos seres humanos, como en verdad lo somos, pero no nos ven como tales. Queramos o no, necesitamos ayuda de nuestros “enemigos”, de la gente que nos separa, nos discrimina y nos obliga a alienarnos, necesitamos de su ayuda para poner esta metalúrgica en marcha, como lo fue en sus comienzos, pero con una identidad real, plural y pura.
Reconozcamos que nada de esto fue nuestra culpa, fue por los burócratas de la bolsa, de las grandes industrias y dueños de nuestras vidas en nuestro pasado, pero ahora, pasamos al mando, para no solo cambiar nuestras vidas, si no las vidas de millones de trabajadores industriales, de obreros, y de personas de color negro, que a través del tiempo nos denigraron de miles de millones de maneras. Yo soy solo el esteriotipo del hombre soñador, del hombre con ganas de cambiar al mundo, pero sin los recursos ni el apoyo necesario, por eso los necesito, mis compañeros, para reafirmar nuestras necesidades como seres humanos, como trabajadores y como una gran parte de esta sociedad. Debemos entender que no todos estarán dispuestos a ayudar, que no todo siempre será tan fácil como queremos, pero por eso la vida se trata de luchar, de soñar y conseguir a toda costa lo que uno quiere y necesita para ser dichoso, feliz y orgulloso de lo que uno hizo, hace y va a hacer, por eso mis compañeros, estén orgullosos de tomar las decisiones correctas mañana en la votación de la cooperativa, y voten a los que realmente quieren recuperar esta familia y dejar de soñar con ese futuro utópico, si no, que lo consigamos. Miren con el corazón y no con los ojos, compañeros, miren a través del humo y vean con claridad. Gracias, MIS compañeros”.

Discurso de Malakee Williams, operador principal de la metalúrgica de Harlem “La Grande” antes de resultar triunfante de las votaciones internas.

Cuentos Ganadores del IV Concurso Literario

A continuación, los cuentos que obtuvieron el 1er premio del certamen.



Seudónimo: Anastasia


Un Buen Consejo


Era de noche, llovía torrencialmente, el viento fuerte golpeaba mi ventana. Hacía frío, mientras el fuego del hogar me calentaba. Estaba sentada mirándolo. Triste, angustiada. Mil preguntas giraban en mi cabeza sin encontrar respuestas. Y afuera, el viento aún golpeaba con dureza mi ventana.
De repente escucho que golpean la puerta. Asombrada abro y encuentro a un viejito empapado por el temporal que se queda observándome con la mirada perdida pidiendo hospedaje. Lo hago pasar y le pido que se saque sus empapadas ropas. Le alcanzo toallas para secarse y una bata mientras acomodo sus prendas cerca del fuego para que se sequen.
Lo invito con una taza de café caliente y comenzamos a conversar. Mirándome a los ojos el viejito percibió que yo estaba triste sin que le haya contado nada.
“Tus ojos me dicen que estás triste, la expresión de tu cara me dice que estás tratando de resolver tus problemas y no encuentras la salida. ¿Me equivoco?”
Asombrada empiezo a contarle mis problemas como queriendo sacar de adentro mío todo lo que me pasaba. Le cuento que me peleé con mi mejor amiga que tanto amo, que también discutí con mis padres sin razón, que me peleo permanentemente con mis amigos sin escucharlos siquiera. Mientras hablaba veía que el viejito me miraba con atención sin decir ninguna palabra.
Una vez que me desahogue, el anciano me dijo que tratara en lo posible, de hablar con mí mejor amiga tratando de escuchar y ser escuchada. Que los padres son y serán siempre el principio de nuestra existencia y es por eso que debemos respetarlos y comprenderlos aunque no estemos de acuerdo con ellos y tratarlos con respeto. Y que a los amigos no debemos buscarlos perfectos porque los elegimos así, y si nos aconsejan, es para nuestro beneficio, lo mismo que yo haría con ellos si tienen alguna dificultad.
Yo estaba escuchando lo que me decía el viejito, y en un momento entendí todo. Y le contesté, “Es cierto, lo mismo que me está pasando a mí le pasa al mundo. Si no hubiera peleas, confusiones, discusiones, guerras, malos entendidos, y otras desgracias que nos arruinaran, nosotros estaríamos mejor, y el mundo más cerca de la paz”.
Tanto habíamos hablado que se hizo de día, la tormenta paró. Sus ropas se secaron y antes de marcharse, le pregunté: ¿Cómo sabía tantas cosas? Y qué buenos sus consejos. ¿De dónde sacaba tanta claridad en sus palabras?
Con una sonrisa me acarició la cabeza y con una mirada dulce me dijo que si me lo propongo esto no será solo una anécdota, sino una realidad. Y si quiero cambiar el mundo, lo haré, sin quedarme de brazos cruzados, porque para un futuro me servirá a mí y a la humanidad.
Nos despedimos dándonos fuertemente la mano, y me di cuenta que no le había preguntado su nombre, no hacia falta…
Para mí, su nombre era “EXPERIENCIA”.






“Nos vemos después, te quiero”

Los recuerdos invaden mi mente, aquellas imágenes siempre vuelven a mí. No logro comprender la manera en que toda una población quedó bajo un régimen caracterizado por violencia, injusticia, toque de queda, torturas, abuso del poder y censura. Fue un hecho que dejó 30.000 desaparecidos y un después que nunca acaba.
A pesar de que no tuve grandes lujos durante mi niñez, mi madre pudo satisfacer todo lo que necesitaba. Nosotros éramos las únicas dos personas que habitábamos mi hogar, desde que mi padre había fallecido tres años atrás, en agosto de 1975, ella era mi mejor sostén y ejemplo a seguir. Con sus palabras alegraba mis días, cada uno de sus cuentos me sumergían en un mundo lleno de esperanza y sueños.
El sol brillaba radiante, mi mamá me esperaba con el café y las tostadas recién hechas, luego ella me besó la frente y partí hacia el colegio. Recuerdo sus manos arreglándome el uniforme y sus palabras “nos vemos después, te quiero”. Se hizo el mediodía, ansiaba comer las milanesas que me esperaban en casa, sin embargo algo inesperado cambió para siempre el rumbo de mi vida. La puerta estaba abierta, algunos cajones revueltos, y lo peor… no estaba mi madre. Desesperado crucé para preguntarle a María, mi vecina, que había sucedido, ella sorprendida me contó que un grupo de militares armados se la habían llevado.
Comenzó una etapa diferente en mi vida, las cosas ya no eran como antes. Estaba solo, sin rumbo y con una gran carga que me sigue hasta hoy, la búsqueda incesante de la mujer que acompañó y me cuidó hasta ese horrible acontecimiento.
María me abrió las puertas de su hogar. Ofreció cuidarme hasta que mi madre volviera conmigo. La espera fue inquietante, cada noche echaba en el ambiente de la habitación su perfume para recordarla y sentirla cerca.
Al año siguiente de su desaparición, seguían en mí la duda y la impotencia de no saber lo que realmente estaba ocurriendo a mí alrededor. Si bien el proceso fue lento, mis compañeros de secundaria y Mari me dieron las fuerzas para seguir adelante y concretar mis estudios.
Una vez vuelta la democracia y con 19 años decidí cruzar una calle plasmada de recuerdos. Estaba todo como lo habíamos dejado, un escalofrío recorrió mi cuerpo, dejándome paralizado. Tomé coraje me sequé las lágrimas que corrían por mis mejillas y busqué, sin saber con qué me iba a encontrar; lo único que pasaba por mi mente era la esperanza de hallar algún indicio del paradero de mi mamá. Luego de revisar cajones y armarios, descubrí debajo del sillón un anotador en el que estaba escrito con su letra “deseo con todo mi corazón ver crecer a mi hijo, que sea un hombre de bien, que tenga una carrera universitaria y una hermosa familia”.
Esas palabras me quedaron grabadas. Hoy tengo 45 años, tres hijos, soy abogado y colaboro en la Asociación Madres de Plaza de Mayo. Cada año me siento más fuerte, y es por mi madre por quien lucho, por quien sigo, y por quien vivo. Es importante que tanto mi historia como la de miles de personas afectadas por la dictadura militar no queden archivadas, sino que sean recordadas hoy y siempre. Esto no debe ser jamás una leyenda.

Seudónimo: DUT.
División: 2 “A”



3er año

Shema Israel
4 de abril del año 1982. El avión Lockneed C-130B Hércules de las fuerzas Aéreas Argentinas partió de su base en el aeropuerto de comodoro Rivadavia. En su interior más de ciento cincuenta soldados.
Los asientos del avión habían sido quitados para aumentar su capacidad. Los soldados, acurrucados en el piso de la nave permanecían en silencio mientras que el comandante a bordo dirigió una palabras a la tripulación, las instrucciones de vuelos se transmitían en forma precisa sin embargo su voz lo delataba, se lo escuchaba tenso, nervioso. Debían atravesar el Océano Atlántico hacia el sur, hacia las islas Malvinas. Volarían al ras del suelo y de esa manera lograrían esquivar los radares enemigos. Si los descubren serán derribados. Una falla en los cálculos los sumergiría en la inmensidad de las aguas. Los soldados escucharon con atención. Sin mirarse, sin hablar, recordando a sus familiares. Esperando despertarse de esta pesadilla, Marcelo era uno de ellos, él es un muchacho judío, del barrio de “Once”. Pone su mano en su bolsillo y extrae de él un pequeño libro, un Sefer Tehilim. Comienza a rezar, ningún soldado presta atención a este hombre que tenía un libro en sus manos, meneaba su cuerpo de atrás para adelante y recitaba la oración. No le importaba lo que le digan. Había vencido su vergüenza.
A ningún soldado le importaba, a ninguno menos a uno. Desde la otra punta del avión Marcelo es observado por Claudio, él era un chico judío del barrio de Avellaneda. No era observante pero hacia siete años le habían festejado su Bar Mitzva por orden de su abuela. A sus padres les daba lo mismo pero por ella lo mandaron a lo de un rabino para que le enseñara la bendición en fonética. Recordaba que había visto a unos viejitos en el templo moverse de la misma manera que aquél soldado. Recordaba que ellos también tenían en sus manos un libro y lo leían en voz alta.
Unas lágrimas empezaron a salir de los ojos de Claudio y empezó a pensar, ¿Cuánto tiempo me queda por vivir? ¿Volveré a ver a mi familia? Comenzó a arrastrarse por el piso del avión. Debía llegar al lugar donde se encontraba aquel judío, debía pedirle algo. Al llegar al lado de Marcelo, le comenzó a hablar pero no le contestaba, no tenía tiempo para perder, y pensó ¿Quién es este muchacho que viene a interrumpir justo ahora? Claudio no se dio por vencido, lo tomo a Marcelo del brazo y le suplico: “Por favor escúchame” Marcelo levantó la vista y le dijo: “No tengo tiempo para vos”. Por favor, le contestó Claudio, yo también soy judío, ayudame. “¿Que necesitas?” contestó Marcelo. “Enseñame a rezar, a decir algo. Tengo que hablar con Dios. Pedirle que me salve, que me permita volver con mi familia” le dijo Claudio.
A Marcelo se le iluminó el rostro. Ésta era su oportunidad, ayudar a un hermano. A lo mejor gracias a esta obra de bien, se le concederá la salvación “Tenemos poco tiempo”, Exclamó Marcelo. “prestá atención, te voy a enseñar la frase que ha acompañado a los judíos durante todos los tiempos, repetí conmigo: Shema Israel Hashem Elokenu Hashem Ehad.” Claudio repitió y memorizó.
“Shema Israel Hashem Elokenu Hashem Ehad” en lo que restó del viaje hasta el puerto Argentino repitió una y otra vez esta preciosa frase. El avión aterrizó en tierra firme. Llegaron sanos y salvos. A Marcelo lo destinaron en Puerto Argentino. A Claudio a la bahía de San Carlos. Se despidieron con un abrazo. Repitieron a coro “Shema Israel Hashem Elokenu Hashem Ehad”.
El 20 de mayo en la bahía de San Carlos fue un día rutinario. Los soldados se dedicaron en vigilar la zona y a descansar. Al final del día se enteraron que iban a atacar el Puerto Argentino. De repente Claudio se empezó a preocupar por Marcelo ya que el estaba ahí. Al día siguiente se enteran que era una trampa, y que iban a atacar en la bahía de San Carlos, los agarraron de sorpresa y los soldados ingleses empezaron a ir por todos lados en búsqueda de los argentinos, pero en ese momento, Claudio estaba solo y de repente ve a un soldado enemigo frente a él apuntándolo con una metralleta, y Claudio en un último grito de dolor exclamo: “Shema Israel Hashem Elokenu Hashem Ehad.” Abrió los ojos para ver su última mirada de la tierra y encontró que el soldado ingles había quedado en su lugar, con lagrimas en los ojos y le contesto: “Baruj Shem Kebod Maljuto Leolam Vaed”. “¡Lets go!, ¡Escapate!”. Claudio se fue corriendo, y a lo lejos alcanzó a escuchar los lamentos de sus compañeros de combate. Por la noche el seguía corriendo por los campos. Hasta que pudo encontrar el camino hacia el Puerto Argentino. Ahí volvió a ver a su amigo Marcelo, junto a él lucho hasta el final. Aprovecho todo su tiempo libre para estudiar Torá con su amigo.
La guerra terminó, Claudio volvió a su hogar, pero nada volvió a ser como era antes, había tomado una decisión, volver al judaísmo. En su primera oportunidad, viajó a Israel, ingresó a la Yeshiba, estudió y profundizó todo sobre sus orígenes. Ahí descubrió otras enseñanzas sobre el Shema Israel. Este poema que acompaña al pueblo judío durante más de tres mil años. Estas palabras que lo salvaron de una muerte segura, estas frases que lo ayudaron a reencontrarse con su historia y tradiciones.



4to año

"El hormiguero"

Yo soy la hormiga 469, una después de la 468 y una antes de la 470. Mi trabajo es cargar comida, desde las fuentes descubiertas por las exploradoras hasta el hormiguero, construido por las obreras y custodiado por las guardianas.
Lo que hago es bastante fácil y aburrido: Voy, agarro un trozo de algo comestible, lo traigo al hormiguero, y después vuelvo a buscar otro trozo.
Como dije antes, la organización del hormiguero es bastante simple, las hormigas obreras tienen números de 4 dígitos, las cargadoras de 3, las guerreras de 2 y la realeza, no tiene números, en cambio, tiene nombres.
Nuestra reina se llama Adeggia, y lo único que hace, es estar acostada y poner huevos. También, hay otras 3 hormigas capaces de poner huevos, quienes también ayudan a reproducir a la colonia. Estas 4 hormigas son fecundadas por otras 4 hormigas reales, denominadas Gargametas.
Con respecto a mi familia, poco me queda. Supongo que mi hermanos son 468 y 470, ya que nací en el medio de ellos 2 y aparte, supongo, porque son amigos míos, aunque, la hormiga con la que mejor me llevo, es la 656, y también, otras hormigas que no vale la pena especificar, aunque mi círculo social, sólo caben hormigas de 3 dígitos.
Después de mis amigos, tengo otros supuestos familiares (todos en el hormiguero somos familiares, ya que provenimos de las mismas madres y los mismos padres, entonces se asignan tutores que cumplen las veces de padre). Mi padre es la hormiga 228, y su padre, o sea mi abuelo, es la 106, una de las hormigas mas viejas del hormiguero y está débil. Supongo que son sus últimos días. También estoy seguro que en cualquier momento me asignan un hijo, que seguramente también va a ser cargador.
Estos días están siendo difíciles par la colonia. El invierno nos azota machacando toda la comida a nuestro alrededor. A veces parece que el turno del trabajo no nos alcanza, ni por todo el peso que carguemos en nuestras espaldas.
-¿Viste qué complicado que está esto de conseguir comida?- Me dijo el otro día la hormiga 656.
- Y sí… La verdad que este invierno es el peor de los últimos años- respondí
- Sí. Encima, según se dice, nos van a duplicar el turno de trabajo…
-¿Qué? ¿Qué mas quieren? Nuestras espaldas están cada día más arruinadas, ¿y encima quieren que trabajemos más?
Y así fue. Al día siguiente la Garmameta Ogeid anunció que nuestras horas de trabajo se duplicaban, con un corto receso en el medio ya que la colonia corría peligro.
El murmullo y las quejas fueron inmediatos. ¿Por qué las cargadoras teníamos que trabajar el doble, cuando la realeza no hacía nada y había demasiadas hormigas guardianas que sobraban? (no había ningún peligro a la redonda y desde que tengo memoria nunca recibimos un ataque)
Como siempre las quejas fueron reprimidas por las hormigas guardianas acallando nuestras quejas.
Los siguientes meses trabajamos, trabajamos y no hicimos otra cosa que no fuese trabajar con muy poco descanso. Una vez una hormiga cayó al piso del cansancio y las guardias la maltrataron mucho y de no ser porque era una hormiga joven que logró ponerse de pie de vuelta yo creo que la habrían matado.
- ¿Ya pasó por esta situación el hormiguero alguna vez? - Les pregunté a mi padre y a mi abuelo en el tiempo de descanso.
- No - fue la respuesta de ambos.
- La verdad que es la primera vez que a las hormigas mayores nos exigen tanto. Mi abuelo, cuando estaba vivo, sus últimos días descansó. En cambio yo ¡Estoy trabajando el doble! – Agregó mi abuelo, con un poco de tristeza.
Es gracioso, pero a los pocos días mi abuelo se cruzó con una Gargameta, que había venido a ver cómo andaban las cosas por la fuente de comida y al decirle estas mismas palabras, la Gargameta llamo un guardia y sin previo aviso la mataron.
La noticia de la muerte no tardó en expandirse entre no sólo los cargadores, sino también las obreras y guardianas.
La situación estaba al límite. Yo junto a mis amigos empezamos a expandir una nueva forma de pensar, nuevas ideas, un nuevo concepto de igualdad.
Y así fue como se fue organizando nuestro movimiento, logramos un rápido apoyo de las cargadoras y las obreras, pero, en un movimiento inteligente, la realeza logró tener a las guardianas de su lado.
Nuestro golpe tenía que ser certero y muy bien organizado. Las hormigas guardianas están entrenadas para combatir y nosotros para cargar y construir. Nuestra ventaja: Las hormigas obreras sabían exactamente los puntos débiles del hormiguero, y las cargadoras teníamos la fuerza como para tirar los pilares necesarios.
Y finalmente el día llegó. Ya estábamos listos para atacar. La Reina no tardó mucho en dar un contragolpe con los guardianes, pero tal como previmos, éstos cayeron en nuestra trampa: entraron en un pabellón, donde había un grupo de nuestras hormigas haciendo destrozos. Éstas, al ver a los guardianes, salieron por un túnel previamente fabricado por nosotros y al unísono tiramos un pilar, haciendo que este pabellón quede sin salida, inhabilitando al ejército, sin matar a una sola hormiga. Luego entramos en la sala real, un lujo jamás imaginado por nosotros y sin violencia destronamos a la reina.
Nosotros estuvimos en el poder hasta lograr formar una nueva forma de gobernar: cada hormiga debía votar a 2 representantes de su clase, para así formar una junta.
La primera orden de ésta fue que cada uno elija un nombre para si mismo. Luego otras ordenes deseadas por todos fueron dictadas.
Así fue como todas los hormigas logramos vivir en armonía generación tras generación no iban a sufrir desigualdades e injusticias como las que sufrió mi abuelo y nunca ningún invierno iba a amenazar de vuelta la existencia del hormiguero. Y esta es la historia de mi hormiguero.

Polonia NO BORRAR

Anonyme Écrivain


_ En las calles de Warszawa el silencio es ruido, ese ruido gris que asesina despiadadamente el alma de quien lo escuche. De pronto, el uciszać es interrumpido por un lejano sonido que crece lentamente como un drzewo en verano, un sonido aterradoramente repetitivo y en principio gentil, hasta musical. Crece ininterrumpidamente, perdiendo su gracia a medida que se desarrolla pues no deja de hacerse cada vez más ruidoso. Son las 16:52 y nosotros cinco debemos salir de nuestra położenie en exactamente ocho minutos. El hałas se siente tan cerca que la duda y el temor se apoderan del suterena en el que nos encontramos, Ten Szalony empieza a temblar y el lado derecho de su spodnie gradualmente se humedece al igual que sus mejillas por donde caen decenas de łzy que siguen curvas formas antes de caer. Sentimos a nuestros compatriotas marchar a nuestro lado, es hora de unírseles. Warszawa tiene que volver a nuestras manos, es nuestro deber recuperarla.
Salimos corriendo de nuestra posición gritando: CZYNIĆ NIE STRZELAĆ, JESTEŚMY TEN POLSKI DUCHY!, las puntas de sus armas miran el suelo, somos más que bienvenidos. “Los Fantasmas Polacos”, selecto grupo de tres sigilosos soldados cuyo trabajo fue el reconocimiento de la avenida principal en busca de amenazas naziści. Krzysztof, Andrzej y yo conformamos al Ten Polski Duchy, Ten Szalony y Grzegorz son dos jóvenes quienes habían escapado del Getto warszawskie y rondaban temerosos por la aleja, buscando al infinito pues su destino fue irreversiblemente marcado por las experiencias que habían vivido. Ahora nosotros cinco nos integrábamos a la resistencia polaca y nuestras życie están en manos de Bóg y nuestros bronie. El grupo nos recibe calurosamente, están felices de ver a tres de sus mejores hombres sanos y con valiosa información para comunicarles, sin embargo, en compañía de dos cerdos Żydzi. El grupo comienza a escupirles y a pegarles bajo el pretexto de que arruinarán el operativo, es claro para ellos que los demonios hebreos son incapaces de mantener un secreto, de tener el don de justicia, de dar la vida por Polska o por alguno de ellos; lo que ellos no saben es que el segundo grupo que entrará a Warszawa está integrado por decenas de partisanos y luchadores judíos. Los cadáveres de Ten Szalony y Grzegorz yacen en el suelo, miro impotente como aquellos brutos héroes roban la sprzęt de los difuntos en un mar de carcajadas y bromas antisemitas. Krzysztof y Andrzej ríen enérgicamente mientras toman una cruz amarilla y actúan de judíos: Se encorvan y gritan: JA POTRZEBA PIENIĄDZE! Yo estoy confundido pues nunca me habían interesado aquellos seres de grandes narices, sin embargo veía algo en aquellos dos jóvenes que representaba perfectamente a nuestra ojczyzna.
Al seguir la marcha nos separamos en grupos, cada uno de ellos es responsable de construir cuatro barykady en los accesos a la ciudad lo que significa encuentros seguros con las fuerzas enemigas. De pronto un lejano sonido parecido al que escuché en el położenie empezó a hacerse notar, pero esta vez es más pesado. Todos preparamos nuestros bronie y mantenemos nuestra posición. De pronto me encuentro sumergido en la krew de Krzysztof, sus pedazos llueven sobre mi cual tormenta de zima. Limpio mis ojos, agarro mi rifle, comienzo a disparar a una gran nube marrón. Mis municiones se terminan, me tiro al suelo, cierro los ojos, caen cuerpos sobre mí. Todo es ruido, un gran ruido parecido al que hacían las máquinas de mi dziadek en su fábrica.
Ya no hay más ruido. Dos alemanes comienzan a disparar a los cuerpos en rededor mío por lo que me levanto y grito: “Ausführen nicht Zweig” Un golpe en la nuca me hace caer al suelo, todo se torna negro. Estoy amarrado a una silla en una pokój a la cual solo entran dos débiles rayos del sol. Dos alemanes entran a la habitación, uno con un soplete, el otro con una especie de cuchilla, más similar a una sierra. Demandan que diga en donde mis compatriotas construirán barricadas. Por cada vez que ellos pregunten y yo no conteste ellos me despojaran de una parte de mi cuerpo.
“Wohin Wille Sie anfertigen mehr Barrikaden?”
………………………… “Sein Ohr”
Uno de los alemanes se acerca con la cuchilla y la apoya sobre mi stanąć wobec. Esta fría. Bajo un mar de dolor y carcajadas mi oreja cae al piso. Mis gritos no ayudan, sé que nadie vendrá. La pregunta se repite. “Sein befühlen”. Agarra mi mano y la tira contra la mesa, intento resistirme. Es inútil pues ya no poseo diez dedos en mis dłoń. El piso se llena de sangre que brota de mis manos y de mi oído. Por mi mente sólo pasa un deseo, como un rayo el cual vuelve a encenderse cada segundo. No me importa la guerra, no me importa Warszawa, sólo deseo que aquellos dos Niemcy mueran. La pregunta se repite nuevamente. “Sein augen”. Mi verdugo toma el soplete. Luego de que mi pecho conociera el calor del infierno, la luz se apaga. Ellos ríen pues saben que soy causa perdida. Planean dejarme amarrado en la silla e irse. El rayo en mi cabeza se enciende de nuevo y grito con toda la fuerza de mi voz. De pronto se oye un lejano: “POLSKA NA ZAWSZE”. Una fuerte explosión me. Puedo sentir el cuerpo de uno de los dos alemanes cayendo sin vida al lado mío y el restante cae sobre mí. Mi verdugo, entre gemidos, intenta levantarse. Clavo mis palce en sus ojos y presiono lo más fuerte que puedo. El grita y se resiste. Presiono hasta que siento que mis pulgares no están más en su lugar. De pronto no se mueve más y sus gritos callan.
Yo quedo inmóvil en el suelo. Una inexplicable sonrisa se apodera de mi rostro.
En los restos de aquella habitación el silencio es ruido, ese ruido gris que asesina despiadadamente el alma de quien lo escuche. De pronto, el uciszać es interrumpido por un sonido y en menos de un segundo estoy muerto. Estoy muerto. Estoy muerto al igual que dos oficiales del ejército alemán. Estoy muerto y estoy contando esta dzieje. Estoy muerto.

Anonyme Écrivain
5to año
GLOSARIO [Polaco / alemán] (en orden de aparición en el cuento):
_Warszawa: Varsovia
_Uciszać: Silencio
_Drzewo: Árbol
_Położenie: Posición
_Hałas: Ruido
_Suterena: Sótano
_Ten Szalony: Apodo “El salvaje”
_Spodnie: Pantalón
_Łzy: Lágrimas
_CZYNIĆ NIE STRZELAĆ, JESTEŚMY TEN POLSKI DUCHY!: No disparen, somos Los Fantasmas Polacos!
_Naziści: Nazis
_Krzysztof, Andrzej, Grzegorz: Nombres de los acompañantes del personaje
_Getto warszawskie: Ghetto de Varsovia
_Aleja: Calle
_Życie: Vidas
_Bóg: Dios
_Bronie: Armas, Fusiles.
_Żydzi: Judíos
_Polska: Polonia
_Sprzęt: Ropa
_JA POTRZEBA PIENIĄDZE!: Quiero Plata!
_Ojczyzna: Patria
_Barykady: Barricadas
_Krew: Sangre
_Zima: Invierno
_Dziadek: Abuelo
_“Ausführen nicht Zweig” (Alemán): No disparen
_Pokój: Habitación
_“Wohin Wille Sie anfertigen mehr Barrikaden?” (Alemán): Donde construirán las barricadas?
_“Sein Ohr” (Alemán): Su Oreja
_stanąć wobec: Rostro
_“Sein befühlen” (Alemán): Sus dedos
_Dłoń: Mano
_Niemcy: Alemanes
_“Sein augen” (Alemán): Sus ojos
_POLSKA NA ZAWSZE: Polonia Para Siempre!
_Palce: Dedos
_Dzieje: Historia