A continuación, los cuentos que obtuvieron el 2do premio del certamen.
1er año
Cocoliche.
El regalo más esperado.
Tiempo atrás una señora judía vivía en una pequeña casa, junto a su familia en Argentina .Sara era una señora mayor, trabajaba desde hacía muchos años como niñera en la casa de una familia adinerada, porque venía de una familia muy pobre.
Sara siempre había tenido el sueño de poder estudiar, ir a la escuela y educarse al igual que el resto de los niños, pero nunca lo pudo cumplir, ya que sus padres no tenían suficiente dinero para mandarla junto con sus dos hermanos a la escuela.
Al pasar los años, Sara seguía trabajando de niñera para poder mantener a su familia. Sara esta casada con Uriel, que siempre la ayudaba y al igual que ella trabajaba mucho para poder cuidar a sus hijos. Ellos tenían tres hijos: Saúl, de 10 años, Martha, de 6 años y David de 13 años.
Los hijos de Sara se reunían junto a otros niños, que tampoco podían pagar una escuela, en un pequeño templo que ayudaba a toda la gente pobre y enseñaba a todos los niños sobre la Torá y las distintas festividades judías.
Los años pasaron y el sueño de poder estudiar todavía estaba en el corazón de Sara.
En su trabajo Sara era muy querida por sus patrones, la señora Miriam, su esposo Simón y sus dos hijos Martín, de 8 años y Julieta, de 10 años. Había cuidado a Martín y Julieta desde que eran chicos, por esta razón la familia la apreciaba mucho. Ella cocinaba, limpiaba y sobre todo cuidaba y ayudaba en todos sus problemas a los chicos.
Un día cuando estaba cocinando, su patrona vio que estaba muy triste y llorando. Ella le pregunto que le pasaba y la respuesta de Sara fue contarle su sueño: poder estudiar y tener un titulo al igual que todas las personas.
Luego de esa pequeña charla, que Miriam nunca olvido, recordó lo que Sara dijo “poder estudiar”. Entonces empezó a hacer memoria acerca de todo lo que ella había ayudado en la crianza de sus hijos y en todo lo que ella necesitaba, Sara estaba ahí.
Una tarde Miriam notó que el cumpleaños de Sara se acercaba y debía hacerle un buen regalo, por los años trabajados en su casa. Se puso a pensar y descubrió que el mejor regalo que le podía hacer era una beca para estudiar en una escuela de gente mayor y así poder cumplirle el sueño.
El día del cumpleaños de Sara llegó y al entrar a la casa de trabajo Miriam la sorprendió con una torta y un sobre que a Sara le dio mucha curiosidad. Luego de soplar las velitas, Miriam le dijo en unas pocas palabras lo importante que era para ella y que nunca se iba a olvidar todos los años trabajados en su casa.
Al término de una larga y emocionante charla, llego el momento de entregar el misterioso sobre que Miriam había tenido en sus manos desde el momento en que Sara llego. Al abrirlo Sara se emociono y le agradeció a Miriam por el enorme regalo que le había hecho: una beca para estudiar en una escuela para adultos, la mejor del país, para que también pudiera recibirse y tener un titulo.
A partir de ese día Sara durante la mañana trabajaba en la casa de Miriam y durante la tarde estudiaba para poder ser maestra y enseñarles a todos los chicos la importancia de estudiar y poder tener un título.
Los años pasaron y Sara se recibió de maestra, pero no cualquier maestra, una que enseña a los chicos que no pueden pagar una escuela al igual que ella en su niñez.
2do año
Patria mía Seudónimo: LIBRA
Herzl creció en Hungría
Quiso ser periodista
Con sus palabras
Al pueblo judío conmovió.
Ayudó a organizar el sionismo
Para obtener el territorio judío
Que Herzl deseaba
Con todo su corazón.
En el caso Dreyfus
A un judío se acusó
Por traición a la nación
El antisemitismo creció.
El caso se resolvió
Y Herzl comprendió
Que nunca libres seríamos
Sin un Estado judío.
Hoy podemos disfrutar
El estado que él soñó
Ya que nada le importó
Los obstáculos que encontró.
3er año
Los falsificadores
Habíamos intentado de todo pero no se curaba. Nadie entendía porqué. Era muy curioso, pero los medicamentos que consumía no le hacían efecto. Mi madre, Ester de 48 años, estaba enferma de cáncer y tenía muy pocas posibilidades de curarse, pero ella luchaba por mis hermanos y por mí.
Tomaba siete comprimidos de sus remedios recetados por su medico de confianza, Hugo Sberlof. Así estuvo un año y medio pero seguía todo igual o si bien peor.
Estaba en una situación muy complicada, los médicos nos decían que era muy difícil que pueda salir adelante. Para nosotros, fue como una puñalada en el corazón.
Ester seguía su vida habitual, igual que siempre, salvo que tenía algunos sueños que los quería cumplir. Vivíamos en Abramo, La Pampa, provincia de Buenos Aires, un pueblo con pocos habitantes. A mi madre se la quería mucho, y por eso le hacían fiestas sorpresas, nos reuníamos para almorzar. Esto le encantaba y le hacía muy feliz.
Faltaban pocos días para el cumpleaños de mi hermano Lucas de ocho años. Él tenía mucho miedo de que mamá no estuviese para su cumpleaños. Ester le estaba preparando una sorpresa para Lucas, por si no llegara a estar presente. Seis días antes del cumpleaños, ella estaba muy mal, no podía caminar, las piernas le temblaban, tenía dolor de cabeza y no tenía ganas de levantarse de la cama. Traté de no contarle a mi hermano para que no se asustara, pero él ya empezaba a sospechar. Para no mentirle, cuando me preguntaba por mamá, le cambiaba de tema. Las pastillas que tomaba parecía como si no las tomara, porque no le hacían efecto.
Ella me decía: - me siento muy mal, veo todo borroso, siento que me quedo ciega. No sé si voy a llegar al cumpleaños de Lucas – con voz ronca.
- quédate tranquila, va a salir todo bien – le contestaba mintiéndome a mi mismo.
Mi papá, Gustavo de cincuenta años, llego de trabajar muy cansado y la vio a su esposa acostada transpirando. Se asusto mucho. Estaba volando en fiebre. Llamó a Hugo y le comentó lo que pasaba. Él vino hasta mi casa y cuando la terminó de revisar, nos dijo que lo que le sucedía no era bueno, entonces la llevaron al hospital y la internaron.
Faltaban cuatro días para el cumpleaños, y mi mamá seguía internada en el hospital. Cuando salí del colegio fui para hacerle compañía, hasta que mi papá termine de trabajar. Ella no estaba conciente, estaba muy pálida. Eran las ocho y media de la noche. Le trajeron la comida a la cama, pero ella decía que no tenía hambre. Yo la insistía para que coma, así se mejoraba. A las nueve llegó mi papá.
-Shlomo anda para casa – Me dice mi papá. Y yo me fui a cuidar a mi hermano para que no se quede solo.
Llegue a mi casa. Prepare algo rápido para comer. Nos fuimos a acostar y a eso de las tres de la mañana sonó el teléfono. Atiendo y era mi papá. – Ester murió – Me dice llorando. Yo me quedé helado, pareciera como si un camión me pasara por encima. Corte, no sabia como decirle a Lucas. Lo desperté y le hablé muy claramente para que me pudiera entender que mamá ya no iba a estar con nosotros.
Empecé a investigar las pastillas. Busqué al mejor especialista, pero se encontraba en Israel. No me importaba cuán lejos me tuviera que ir, solo quería terminar la investigación. El hombre se llamaba Bartolomé Bedoya Agüero. Apenas terminé la secundaria, fui para allá.
Después de tres años de estar en Israel con Bartolomé, lo investigado fue que las pastillas eran vendidas vencidas y por esa razón no le hacían efecto. En esa época hubo 300.000 casos. Encontré a los estafadores, uno de esos se llama Juan Carlos Gonzáles. Todos fueron detenidos y esos remedios falsos que quedaron fueron recolectados y quemado para que nadie los pudiera tomar ni sufrir ningún inconveniente.
Una vez que logré mi investigación, me volví a mi casa junto a mi papá y mi hermano. En la Argentina, estudie bioquímica, porque aprendí mucho sobre el tema y me gusto. Cuando terminé la facultad, volví a Israel donde hice mi propia empresa que le puse de nombre samim, cuyo significado es medicamentos en hebreo. Por suerte me fue muy bien y hoy en día sigo luchando por las vidas que se perdieron a causa de esos delincuentes.
4to año
Vuelta a la vida
Deseaba tanto sentir sus brazos rodeándome en un calido abrazo; escuchar sus sabias palabras una vez mas o el simple hecho de verlo sentado en el viejo sillón crema del comedor mirando programas como “CSI” o “Law & Order”.
El solo hecho de haber sentido su presencia a mi lado me hubiese hecho feliz una vez más. Anhelaba con todo mi corazón sentirme así, tenerlo a él.
Mi mente no me daba tregua ni respiro con dicha necesidad de sentirlo cerca de mí una vez más, simplemente no paraba de desear que fuera cierto, que estuviese conmigo.
Una tarde de invierno tras la larga jornada escolar volví a mi casa me deshice de los abrigos, la mochila y la vianda y deje a mi cuerpo caer sobre el tibio colchón en la pieza de mis abuelos. Me arrope y mire a mi alrededor.
Las lágrimas invadieron mis ojos en señal de la nostalgia que mi corazón albergaba y esta sensación de desahogo combinada con el agotamiento físico que cargaba conmigo me sumieron en un sueño profundo.
Me sentí levantar de la cama y camine en dirección al comedor de mi casa en busca de un poco de agua ya que tenía la garganta reseca. Conforme daba mis pasos hacia la puerta de la habitación que me conduciría directamente a mi destino comencé a escuchar un murmullo casi imperceptible que incrementaba su volumen a medida que yo avanzaba.
Atravesé el umbral de la puerta y mis ojos se posaron en la televisión que se encontraba encendida y retumbaban fuertemente las voces en ingles que de esta provenían.
No había nadie en la casa por lo que me resulto extraño el ver la pantalla prendida siendo que al hacer memoria sobre mis pasos al llegar a casa yo no había tocado en ningún momento el control de esta. Mire el canal del cual corría la programación y un escalofrió recorrió mi cuerpo. Era el número treinta y tres.
Voltee instintiva en dirección a donde se encontraba el viejo sillón crema y las lágrimas amenazaron salir de mi rostro. Se encontraba él sentado sonriente mirando uno de aquellos programas de investigación policíaca que tanto le gustaban. Me acerque lentamente hacia su persona y me senté en una silla en diagonal a su ser.
La propaganda hizo que desviara la vista de la pantalla y me mirara con sus ojos café.
No pude contenerme y me abalance sobre el estrechándolo fuertemente en un abrazo que no quería jamás termine mientras el besaba mis mejillas y mi frente y susurraba cosas como “no estas sola, me tenes a mi a tu lado, siempre”.
Las lágrimas desbordaron incontenibles de mis ojos y sentí una suave caricia en mi mejilla, las palabras “TE QUIERO” surgieron de mis labios y abrí los ojos encontrándome nuevamente en la cama de mis abuelos.
Me estremecí al recordar el sueño y al pensar en sus palabras, pero ya no llore; la tristeza fue suplantada en mis ojos por una chispa de felicidad y una sonrisa se curvo en mi labios. Pensé nuevamente en él, y en mi sueño y salí de la cama.
Me encontré a mi misma expectante a la idea de que mi deseo se había en cierto modo vuelto realidad, y que podría repetir eso cuantas veces quisiera siempre que no perdiera la capacidad de soñar.
5to año
“Mis compañeros”
Épocas oscuras en las ciudades que las luces son lo que llaman la atención. En la gran manzana, no vemos más que putrefacción, los unos con los otros luchando por su pedacito ínfimo de tierra, desesperados defendiendo lo poco, pero suyo. Una de las épocas más terroríficas para las personas diferentes a lo que el resto cree correcto y normal, y también para la economía del momento, del mundo. Empresas que van a la quiebra luchan por seguir en pie, los mismos obreros dejan su alma y cuerpo para restituir un orden. Así como miles de ejemplos de gente que quedo a la deriva, sin nada, hay otras excepciones, personas, individuos únicos, que a cualquier problema le hizo frente, cual soldado frente a su enemigo. Uno entre miles de casos, que vio en verdad de lo que es capaz la esperanza y la confianza.
“No podemos seguir parados en este escenario sin hacer nada, nosotros somos los únicos que quieren mejorar, que quiere progresar, que quieren crecer, pero no somos aquellos que retrasan y nos quieren separar. Desde la navidad de 1929 que estamos tratando de levantar esta familia, esta industria, llevarla a cabo sin que gente, con maldad sin escrúpulos, sin límites, nos impida volar. Nosotros sabemos que la gente de nuestra “especie”, como les gusta llamarnos, como si fuéramos animales, y ellos los que ya evolucionaron, como si tuviéramos capacidades diferentes de progresar, como si ellos fueran los superiores y nosotros fuéramos los domesticados, los autómatas que harían todo lo que ellos quisiesen, pero no, ahora tenemos la oportunidad de crecer, mis compañeros, no dejemos que nuestro color de piel, o nuestro lugar en esta pirámide social llena de discrepancia, de desigualdad e injusticia. Veamos esta crisis como una oportunidad, veamos esta crisis como una posibilidad de desarrollarse como verdaderos seres humanos, como en verdad lo somos, pero no nos ven como tales. Queramos o no, necesitamos ayuda de nuestros “enemigos”, de la gente que nos separa, nos discrimina y nos obliga a alienarnos, necesitamos de su ayuda para poner esta metalúrgica en marcha, como lo fue en sus comienzos, pero con una identidad real, plural y pura.
Reconozcamos que nada de esto fue nuestra culpa, fue por los burócratas de la bolsa, de las grandes industrias y dueños de nuestras vidas en nuestro pasado, pero ahora, pasamos al mando, para no solo cambiar nuestras vidas, si no las vidas de millones de trabajadores industriales, de obreros, y de personas de color negro, que a través del tiempo nos denigraron de miles de millones de maneras. Yo soy solo el esteriotipo del hombre soñador, del hombre con ganas de cambiar al mundo, pero sin los recursos ni el apoyo necesario, por eso los necesito, mis compañeros, para reafirmar nuestras necesidades como seres humanos, como trabajadores y como una gran parte de esta sociedad. Debemos entender que no todos estarán dispuestos a ayudar, que no todo siempre será tan fácil como queremos, pero por eso la vida se trata de luchar, de soñar y conseguir a toda costa lo que uno quiere y necesita para ser dichoso, feliz y orgulloso de lo que uno hizo, hace y va a hacer, por eso mis compañeros, estén orgullosos de tomar las decisiones correctas mañana en la votación de la cooperativa, y voten a los que realmente quieren recuperar esta familia y dejar de soñar con ese futuro utópico, si no, que lo consigamos. Miren con el corazón y no con los ojos, compañeros, miren a través del humo y vean con claridad. Gracias, MIS compañeros”.
Discurso de Malakee Williams, operador principal de la metalúrgica de Harlem “La Grande” antes de resultar triunfante de las votaciones internas.
viernes, 6 de noviembre de 2009
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