A continuación, los cuentos que obtuvieron el 1er premio del certamen.
Seudónimo: Anastasia
Un Buen Consejo
Era de noche, llovía torrencialmente, el viento fuerte golpeaba mi ventana. Hacía frío, mientras el fuego del hogar me calentaba. Estaba sentada mirándolo. Triste, angustiada. Mil preguntas giraban en mi cabeza sin encontrar respuestas. Y afuera, el viento aún golpeaba con dureza mi ventana.
De repente escucho que golpean la puerta. Asombrada abro y encuentro a un viejito empapado por el temporal que se queda observándome con la mirada perdida pidiendo hospedaje. Lo hago pasar y le pido que se saque sus empapadas ropas. Le alcanzo toallas para secarse y una bata mientras acomodo sus prendas cerca del fuego para que se sequen.
Lo invito con una taza de café caliente y comenzamos a conversar. Mirándome a los ojos el viejito percibió que yo estaba triste sin que le haya contado nada.
“Tus ojos me dicen que estás triste, la expresión de tu cara me dice que estás tratando de resolver tus problemas y no encuentras la salida. ¿Me equivoco?”
Asombrada empiezo a contarle mis problemas como queriendo sacar de adentro mío todo lo que me pasaba. Le cuento que me peleé con mi mejor amiga que tanto amo, que también discutí con mis padres sin razón, que me peleo permanentemente con mis amigos sin escucharlos siquiera. Mientras hablaba veía que el viejito me miraba con atención sin decir ninguna palabra.
Una vez que me desahogue, el anciano me dijo que tratara en lo posible, de hablar con mí mejor amiga tratando de escuchar y ser escuchada. Que los padres son y serán siempre el principio de nuestra existencia y es por eso que debemos respetarlos y comprenderlos aunque no estemos de acuerdo con ellos y tratarlos con respeto. Y que a los amigos no debemos buscarlos perfectos porque los elegimos así, y si nos aconsejan, es para nuestro beneficio, lo mismo que yo haría con ellos si tienen alguna dificultad.
Yo estaba escuchando lo que me decía el viejito, y en un momento entendí todo. Y le contesté, “Es cierto, lo mismo que me está pasando a mí le pasa al mundo. Si no hubiera peleas, confusiones, discusiones, guerras, malos entendidos, y otras desgracias que nos arruinaran, nosotros estaríamos mejor, y el mundo más cerca de la paz”.
Tanto habíamos hablado que se hizo de día, la tormenta paró. Sus ropas se secaron y antes de marcharse, le pregunté: ¿Cómo sabía tantas cosas? Y qué buenos sus consejos. ¿De dónde sacaba tanta claridad en sus palabras?
Con una sonrisa me acarició la cabeza y con una mirada dulce me dijo que si me lo propongo esto no será solo una anécdota, sino una realidad. Y si quiero cambiar el mundo, lo haré, sin quedarme de brazos cruzados, porque para un futuro me servirá a mí y a la humanidad.
Nos despedimos dándonos fuertemente la mano, y me di cuenta que no le había preguntado su nombre, no hacia falta…
Para mí, su nombre era “EXPERIENCIA”.
“Nos vemos después, te quiero”
Los recuerdos invaden mi mente, aquellas imágenes siempre vuelven a mí. No logro comprender la manera en que toda una población quedó bajo un régimen caracterizado por violencia, injusticia, toque de queda, torturas, abuso del poder y censura. Fue un hecho que dejó 30.000 desaparecidos y un después que nunca acaba.
A pesar de que no tuve grandes lujos durante mi niñez, mi madre pudo satisfacer todo lo que necesitaba. Nosotros éramos las únicas dos personas que habitábamos mi hogar, desde que mi padre había fallecido tres años atrás, en agosto de 1975, ella era mi mejor sostén y ejemplo a seguir. Con sus palabras alegraba mis días, cada uno de sus cuentos me sumergían en un mundo lleno de esperanza y sueños.
El sol brillaba radiante, mi mamá me esperaba con el café y las tostadas recién hechas, luego ella me besó la frente y partí hacia el colegio. Recuerdo sus manos arreglándome el uniforme y sus palabras “nos vemos después, te quiero”. Se hizo el mediodía, ansiaba comer las milanesas que me esperaban en casa, sin embargo algo inesperado cambió para siempre el rumbo de mi vida. La puerta estaba abierta, algunos cajones revueltos, y lo peor… no estaba mi madre. Desesperado crucé para preguntarle a María, mi vecina, que había sucedido, ella sorprendida me contó que un grupo de militares armados se la habían llevado.
Comenzó una etapa diferente en mi vida, las cosas ya no eran como antes. Estaba solo, sin rumbo y con una gran carga que me sigue hasta hoy, la búsqueda incesante de la mujer que acompañó y me cuidó hasta ese horrible acontecimiento.
María me abrió las puertas de su hogar. Ofreció cuidarme hasta que mi madre volviera conmigo. La espera fue inquietante, cada noche echaba en el ambiente de la habitación su perfume para recordarla y sentirla cerca.
Al año siguiente de su desaparición, seguían en mí la duda y la impotencia de no saber lo que realmente estaba ocurriendo a mí alrededor. Si bien el proceso fue lento, mis compañeros de secundaria y Mari me dieron las fuerzas para seguir adelante y concretar mis estudios.
Una vez vuelta la democracia y con 19 años decidí cruzar una calle plasmada de recuerdos. Estaba todo como lo habíamos dejado, un escalofrío recorrió mi cuerpo, dejándome paralizado. Tomé coraje me sequé las lágrimas que corrían por mis mejillas y busqué, sin saber con qué me iba a encontrar; lo único que pasaba por mi mente era la esperanza de hallar algún indicio del paradero de mi mamá. Luego de revisar cajones y armarios, descubrí debajo del sillón un anotador en el que estaba escrito con su letra “deseo con todo mi corazón ver crecer a mi hijo, que sea un hombre de bien, que tenga una carrera universitaria y una hermosa familia”.
Esas palabras me quedaron grabadas. Hoy tengo 45 años, tres hijos, soy abogado y colaboro en la Asociación Madres de Plaza de Mayo. Cada año me siento más fuerte, y es por mi madre por quien lucho, por quien sigo, y por quien vivo. Es importante que tanto mi historia como la de miles de personas afectadas por la dictadura militar no queden archivadas, sino que sean recordadas hoy y siempre. Esto no debe ser jamás una leyenda.
Seudónimo: DUT.
División: 2 “A”
3er año
Shema Israel
4 de abril del año 1982. El avión Lockneed C-130B Hércules de las fuerzas Aéreas Argentinas partió de su base en el aeropuerto de comodoro Rivadavia. En su interior más de ciento cincuenta soldados.
Los asientos del avión habían sido quitados para aumentar su capacidad. Los soldados, acurrucados en el piso de la nave permanecían en silencio mientras que el comandante a bordo dirigió una palabras a la tripulación, las instrucciones de vuelos se transmitían en forma precisa sin embargo su voz lo delataba, se lo escuchaba tenso, nervioso. Debían atravesar el Océano Atlántico hacia el sur, hacia las islas Malvinas. Volarían al ras del suelo y de esa manera lograrían esquivar los radares enemigos. Si los descubren serán derribados. Una falla en los cálculos los sumergiría en la inmensidad de las aguas. Los soldados escucharon con atención. Sin mirarse, sin hablar, recordando a sus familiares. Esperando despertarse de esta pesadilla, Marcelo era uno de ellos, él es un muchacho judío, del barrio de “Once”. Pone su mano en su bolsillo y extrae de él un pequeño libro, un Sefer Tehilim. Comienza a rezar, ningún soldado presta atención a este hombre que tenía un libro en sus manos, meneaba su cuerpo de atrás para adelante y recitaba la oración. No le importaba lo que le digan. Había vencido su vergüenza.
A ningún soldado le importaba, a ninguno menos a uno. Desde la otra punta del avión Marcelo es observado por Claudio, él era un chico judío del barrio de Avellaneda. No era observante pero hacia siete años le habían festejado su Bar Mitzva por orden de su abuela. A sus padres les daba lo mismo pero por ella lo mandaron a lo de un rabino para que le enseñara la bendición en fonética. Recordaba que había visto a unos viejitos en el templo moverse de la misma manera que aquél soldado. Recordaba que ellos también tenían en sus manos un libro y lo leían en voz alta.
Unas lágrimas empezaron a salir de los ojos de Claudio y empezó a pensar, ¿Cuánto tiempo me queda por vivir? ¿Volveré a ver a mi familia? Comenzó a arrastrarse por el piso del avión. Debía llegar al lugar donde se encontraba aquel judío, debía pedirle algo. Al llegar al lado de Marcelo, le comenzó a hablar pero no le contestaba, no tenía tiempo para perder, y pensó ¿Quién es este muchacho que viene a interrumpir justo ahora? Claudio no se dio por vencido, lo tomo a Marcelo del brazo y le suplico: “Por favor escúchame” Marcelo levantó la vista y le dijo: “No tengo tiempo para vos”. Por favor, le contestó Claudio, yo también soy judío, ayudame. “¿Que necesitas?” contestó Marcelo. “Enseñame a rezar, a decir algo. Tengo que hablar con Dios. Pedirle que me salve, que me permita volver con mi familia” le dijo Claudio.
A Marcelo se le iluminó el rostro. Ésta era su oportunidad, ayudar a un hermano. A lo mejor gracias a esta obra de bien, se le concederá la salvación “Tenemos poco tiempo”, Exclamó Marcelo. “prestá atención, te voy a enseñar la frase que ha acompañado a los judíos durante todos los tiempos, repetí conmigo: Shema Israel Hashem Elokenu Hashem Ehad.” Claudio repitió y memorizó.
“Shema Israel Hashem Elokenu Hashem Ehad” en lo que restó del viaje hasta el puerto Argentino repitió una y otra vez esta preciosa frase. El avión aterrizó en tierra firme. Llegaron sanos y salvos. A Marcelo lo destinaron en Puerto Argentino. A Claudio a la bahía de San Carlos. Se despidieron con un abrazo. Repitieron a coro “Shema Israel Hashem Elokenu Hashem Ehad”.
El 20 de mayo en la bahía de San Carlos fue un día rutinario. Los soldados se dedicaron en vigilar la zona y a descansar. Al final del día se enteraron que iban a atacar el Puerto Argentino. De repente Claudio se empezó a preocupar por Marcelo ya que el estaba ahí. Al día siguiente se enteran que era una trampa, y que iban a atacar en la bahía de San Carlos, los agarraron de sorpresa y los soldados ingleses empezaron a ir por todos lados en búsqueda de los argentinos, pero en ese momento, Claudio estaba solo y de repente ve a un soldado enemigo frente a él apuntándolo con una metralleta, y Claudio en un último grito de dolor exclamo: “Shema Israel Hashem Elokenu Hashem Ehad.” Abrió los ojos para ver su última mirada de la tierra y encontró que el soldado ingles había quedado en su lugar, con lagrimas en los ojos y le contesto: “Baruj Shem Kebod Maljuto Leolam Vaed”. “¡Lets go!, ¡Escapate!”. Claudio se fue corriendo, y a lo lejos alcanzó a escuchar los lamentos de sus compañeros de combate. Por la noche el seguía corriendo por los campos. Hasta que pudo encontrar el camino hacia el Puerto Argentino. Ahí volvió a ver a su amigo Marcelo, junto a él lucho hasta el final. Aprovecho todo su tiempo libre para estudiar Torá con su amigo.
La guerra terminó, Claudio volvió a su hogar, pero nada volvió a ser como era antes, había tomado una decisión, volver al judaísmo. En su primera oportunidad, viajó a Israel, ingresó a la Yeshiba, estudió y profundizó todo sobre sus orígenes. Ahí descubrió otras enseñanzas sobre el Shema Israel. Este poema que acompaña al pueblo judío durante más de tres mil años. Estas palabras que lo salvaron de una muerte segura, estas frases que lo ayudaron a reencontrarse con su historia y tradiciones.
4to año
"El hormiguero"
Yo soy la hormiga 469, una después de la 468 y una antes de la 470. Mi trabajo es cargar comida, desde las fuentes descubiertas por las exploradoras hasta el hormiguero, construido por las obreras y custodiado por las guardianas.
Lo que hago es bastante fácil y aburrido: Voy, agarro un trozo de algo comestible, lo traigo al hormiguero, y después vuelvo a buscar otro trozo.
Como dije antes, la organización del hormiguero es bastante simple, las hormigas obreras tienen números de 4 dígitos, las cargadoras de 3, las guerreras de 2 y la realeza, no tiene números, en cambio, tiene nombres.
Nuestra reina se llama Adeggia, y lo único que hace, es estar acostada y poner huevos. También, hay otras 3 hormigas capaces de poner huevos, quienes también ayudan a reproducir a la colonia. Estas 4 hormigas son fecundadas por otras 4 hormigas reales, denominadas Gargametas.
Con respecto a mi familia, poco me queda. Supongo que mi hermanos son 468 y 470, ya que nací en el medio de ellos 2 y aparte, supongo, porque son amigos míos, aunque, la hormiga con la que mejor me llevo, es la 656, y también, otras hormigas que no vale la pena especificar, aunque mi círculo social, sólo caben hormigas de 3 dígitos.
Después de mis amigos, tengo otros supuestos familiares (todos en el hormiguero somos familiares, ya que provenimos de las mismas madres y los mismos padres, entonces se asignan tutores que cumplen las veces de padre). Mi padre es la hormiga 228, y su padre, o sea mi abuelo, es la 106, una de las hormigas mas viejas del hormiguero y está débil. Supongo que son sus últimos días. También estoy seguro que en cualquier momento me asignan un hijo, que seguramente también va a ser cargador.
Estos días están siendo difíciles par la colonia. El invierno nos azota machacando toda la comida a nuestro alrededor. A veces parece que el turno del trabajo no nos alcanza, ni por todo el peso que carguemos en nuestras espaldas.
-¿Viste qué complicado que está esto de conseguir comida?- Me dijo el otro día la hormiga 656.
- Y sí… La verdad que este invierno es el peor de los últimos años- respondí
- Sí. Encima, según se dice, nos van a duplicar el turno de trabajo…
-¿Qué? ¿Qué mas quieren? Nuestras espaldas están cada día más arruinadas, ¿y encima quieren que trabajemos más?
Y así fue. Al día siguiente la Garmameta Ogeid anunció que nuestras horas de trabajo se duplicaban, con un corto receso en el medio ya que la colonia corría peligro.
El murmullo y las quejas fueron inmediatos. ¿Por qué las cargadoras teníamos que trabajar el doble, cuando la realeza no hacía nada y había demasiadas hormigas guardianas que sobraban? (no había ningún peligro a la redonda y desde que tengo memoria nunca recibimos un ataque)
Como siempre las quejas fueron reprimidas por las hormigas guardianas acallando nuestras quejas.
Los siguientes meses trabajamos, trabajamos y no hicimos otra cosa que no fuese trabajar con muy poco descanso. Una vez una hormiga cayó al piso del cansancio y las guardias la maltrataron mucho y de no ser porque era una hormiga joven que logró ponerse de pie de vuelta yo creo que la habrían matado.
- ¿Ya pasó por esta situación el hormiguero alguna vez? - Les pregunté a mi padre y a mi abuelo en el tiempo de descanso.
- No - fue la respuesta de ambos.
- La verdad que es la primera vez que a las hormigas mayores nos exigen tanto. Mi abuelo, cuando estaba vivo, sus últimos días descansó. En cambio yo ¡Estoy trabajando el doble! – Agregó mi abuelo, con un poco de tristeza.
Es gracioso, pero a los pocos días mi abuelo se cruzó con una Gargameta, que había venido a ver cómo andaban las cosas por la fuente de comida y al decirle estas mismas palabras, la Gargameta llamo un guardia y sin previo aviso la mataron.
La noticia de la muerte no tardó en expandirse entre no sólo los cargadores, sino también las obreras y guardianas.
La situación estaba al límite. Yo junto a mis amigos empezamos a expandir una nueva forma de pensar, nuevas ideas, un nuevo concepto de igualdad.
Y así fue como se fue organizando nuestro movimiento, logramos un rápido apoyo de las cargadoras y las obreras, pero, en un movimiento inteligente, la realeza logró tener a las guardianas de su lado.
Nuestro golpe tenía que ser certero y muy bien organizado. Las hormigas guardianas están entrenadas para combatir y nosotros para cargar y construir. Nuestra ventaja: Las hormigas obreras sabían exactamente los puntos débiles del hormiguero, y las cargadoras teníamos la fuerza como para tirar los pilares necesarios.
Y finalmente el día llegó. Ya estábamos listos para atacar. La Reina no tardó mucho en dar un contragolpe con los guardianes, pero tal como previmos, éstos cayeron en nuestra trampa: entraron en un pabellón, donde había un grupo de nuestras hormigas haciendo destrozos. Éstas, al ver a los guardianes, salieron por un túnel previamente fabricado por nosotros y al unísono tiramos un pilar, haciendo que este pabellón quede sin salida, inhabilitando al ejército, sin matar a una sola hormiga. Luego entramos en la sala real, un lujo jamás imaginado por nosotros y sin violencia destronamos a la reina.
Nosotros estuvimos en el poder hasta lograr formar una nueva forma de gobernar: cada hormiga debía votar a 2 representantes de su clase, para así formar una junta.
La primera orden de ésta fue que cada uno elija un nombre para si mismo. Luego otras ordenes deseadas por todos fueron dictadas.
Así fue como todas los hormigas logramos vivir en armonía generación tras generación no iban a sufrir desigualdades e injusticias como las que sufrió mi abuelo y nunca ningún invierno iba a amenazar de vuelta la existencia del hormiguero. Y esta es la historia de mi hormiguero.
Polonia NO BORRAR
Anonyme Écrivain
_ En las calles de Warszawa el silencio es ruido, ese ruido gris que asesina despiadadamente el alma de quien lo escuche. De pronto, el uciszać es interrumpido por un lejano sonido que crece lentamente como un drzewo en verano, un sonido aterradoramente repetitivo y en principio gentil, hasta musical. Crece ininterrumpidamente, perdiendo su gracia a medida que se desarrolla pues no deja de hacerse cada vez más ruidoso. Son las 16:52 y nosotros cinco debemos salir de nuestra położenie en exactamente ocho minutos. El hałas se siente tan cerca que la duda y el temor se apoderan del suterena en el que nos encontramos, Ten Szalony empieza a temblar y el lado derecho de su spodnie gradualmente se humedece al igual que sus mejillas por donde caen decenas de łzy que siguen curvas formas antes de caer. Sentimos a nuestros compatriotas marchar a nuestro lado, es hora de unírseles. Warszawa tiene que volver a nuestras manos, es nuestro deber recuperarla.
Salimos corriendo de nuestra posición gritando: CZYNIĆ NIE STRZELAĆ, JESTEŚMY TEN POLSKI DUCHY!, las puntas de sus armas miran el suelo, somos más que bienvenidos. “Los Fantasmas Polacos”, selecto grupo de tres sigilosos soldados cuyo trabajo fue el reconocimiento de la avenida principal en busca de amenazas naziści. Krzysztof, Andrzej y yo conformamos al Ten Polski Duchy, Ten Szalony y Grzegorz son dos jóvenes quienes habían escapado del Getto warszawskie y rondaban temerosos por la aleja, buscando al infinito pues su destino fue irreversiblemente marcado por las experiencias que habían vivido. Ahora nosotros cinco nos integrábamos a la resistencia polaca y nuestras życie están en manos de Bóg y nuestros bronie. El grupo nos recibe calurosamente, están felices de ver a tres de sus mejores hombres sanos y con valiosa información para comunicarles, sin embargo, en compañía de dos cerdos Żydzi. El grupo comienza a escupirles y a pegarles bajo el pretexto de que arruinarán el operativo, es claro para ellos que los demonios hebreos son incapaces de mantener un secreto, de tener el don de justicia, de dar la vida por Polska o por alguno de ellos; lo que ellos no saben es que el segundo grupo que entrará a Warszawa está integrado por decenas de partisanos y luchadores judíos. Los cadáveres de Ten Szalony y Grzegorz yacen en el suelo, miro impotente como aquellos brutos héroes roban la sprzęt de los difuntos en un mar de carcajadas y bromas antisemitas. Krzysztof y Andrzej ríen enérgicamente mientras toman una cruz amarilla y actúan de judíos: Se encorvan y gritan: JA POTRZEBA PIENIĄDZE! Yo estoy confundido pues nunca me habían interesado aquellos seres de grandes narices, sin embargo veía algo en aquellos dos jóvenes que representaba perfectamente a nuestra ojczyzna.
Al seguir la marcha nos separamos en grupos, cada uno de ellos es responsable de construir cuatro barykady en los accesos a la ciudad lo que significa encuentros seguros con las fuerzas enemigas. De pronto un lejano sonido parecido al que escuché en el położenie empezó a hacerse notar, pero esta vez es más pesado. Todos preparamos nuestros bronie y mantenemos nuestra posición. De pronto me encuentro sumergido en la krew de Krzysztof, sus pedazos llueven sobre mi cual tormenta de zima. Limpio mis ojos, agarro mi rifle, comienzo a disparar a una gran nube marrón. Mis municiones se terminan, me tiro al suelo, cierro los ojos, caen cuerpos sobre mí. Todo es ruido, un gran ruido parecido al que hacían las máquinas de mi dziadek en su fábrica.
Ya no hay más ruido. Dos alemanes comienzan a disparar a los cuerpos en rededor mío por lo que me levanto y grito: “Ausführen nicht Zweig” Un golpe en la nuca me hace caer al suelo, todo se torna negro. Estoy amarrado a una silla en una pokój a la cual solo entran dos débiles rayos del sol. Dos alemanes entran a la habitación, uno con un soplete, el otro con una especie de cuchilla, más similar a una sierra. Demandan que diga en donde mis compatriotas construirán barricadas. Por cada vez que ellos pregunten y yo no conteste ellos me despojaran de una parte de mi cuerpo.
“Wohin Wille Sie anfertigen mehr Barrikaden?”
………………………… “Sein Ohr”
Uno de los alemanes se acerca con la cuchilla y la apoya sobre mi stanąć wobec. Esta fría. Bajo un mar de dolor y carcajadas mi oreja cae al piso. Mis gritos no ayudan, sé que nadie vendrá. La pregunta se repite. “Sein befühlen”. Agarra mi mano y la tira contra la mesa, intento resistirme. Es inútil pues ya no poseo diez dedos en mis dłoń. El piso se llena de sangre que brota de mis manos y de mi oído. Por mi mente sólo pasa un deseo, como un rayo el cual vuelve a encenderse cada segundo. No me importa la guerra, no me importa Warszawa, sólo deseo que aquellos dos Niemcy mueran. La pregunta se repite nuevamente. “Sein augen”. Mi verdugo toma el soplete. Luego de que mi pecho conociera el calor del infierno, la luz se apaga. Ellos ríen pues saben que soy causa perdida. Planean dejarme amarrado en la silla e irse. El rayo en mi cabeza se enciende de nuevo y grito con toda la fuerza de mi voz. De pronto se oye un lejano: “POLSKA NA ZAWSZE”. Una fuerte explosión me. Puedo sentir el cuerpo de uno de los dos alemanes cayendo sin vida al lado mío y el restante cae sobre mí. Mi verdugo, entre gemidos, intenta levantarse. Clavo mis palce en sus ojos y presiono lo más fuerte que puedo. El grita y se resiste. Presiono hasta que siento que mis pulgares no están más en su lugar. De pronto no se mueve más y sus gritos callan.
Yo quedo inmóvil en el suelo. Una inexplicable sonrisa se apodera de mi rostro.
En los restos de aquella habitación el silencio es ruido, ese ruido gris que asesina despiadadamente el alma de quien lo escuche. De pronto, el uciszać es interrumpido por un sonido y en menos de un segundo estoy muerto. Estoy muerto. Estoy muerto al igual que dos oficiales del ejército alemán. Estoy muerto y estoy contando esta dzieje. Estoy muerto.
Anonyme Écrivain
5to año
GLOSARIO [Polaco / alemán] (en orden de aparición en el cuento):
_Warszawa: Varsovia
_Uciszać: Silencio
_Drzewo: Árbol
_Położenie: Posición
_Hałas: Ruido
_Suterena: Sótano
_Ten Szalony: Apodo “El salvaje”
_Spodnie: Pantalón
_Łzy: Lágrimas
_CZYNIĆ NIE STRZELAĆ, JESTEŚMY TEN POLSKI DUCHY!: No disparen, somos Los Fantasmas Polacos!
_Naziści: Nazis
_Krzysztof, Andrzej, Grzegorz: Nombres de los acompañantes del personaje
_Getto warszawskie: Ghetto de Varsovia
_Aleja: Calle
_Życie: Vidas
_Bóg: Dios
_Bronie: Armas, Fusiles.
_Żydzi: Judíos
_Polska: Polonia
_Sprzęt: Ropa
_JA POTRZEBA PIENIĄDZE!: Quiero Plata!
_Ojczyzna: Patria
_Barykady: Barricadas
_Krew: Sangre
_Zima: Invierno
_Dziadek: Abuelo
_“Ausführen nicht Zweig” (Alemán): No disparen
_Pokój: Habitación
_“Wohin Wille Sie anfertigen mehr Barrikaden?” (Alemán): Donde construirán las barricadas?
_“Sein Ohr” (Alemán): Su Oreja
_stanąć wobec: Rostro
_“Sein befühlen” (Alemán): Sus dedos
_Dłoń: Mano
_Niemcy: Alemanes
_“Sein augen” (Alemán): Sus ojos
_POLSKA NA ZAWSZE: Polonia Para Siempre!
_Palce: Dedos
_Dzieje: Historia
viernes 6 de noviembre de 2009
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1 comentarios:
Si van a publicar mi cuento, corrijan por favor la parte que falta...
Boro
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