lunes, 14 de mayo de 2007

Janusz Korczak: Maestro de la Humanidad Articulo 2


Janusz Korczak: Maestro de la Humanidad


Alumno: Gabriel Altmark

Profesora: Sandra Grun

Materia: Taller de Judaísmo: ”Historias de vida de la Shoa”

Introducción

La elección de un tema específico para hablar sobre algo tan vasto como lo es la Shoá no me resultó sencilla. Pero me encontré con alguien como Janusz Korczak, que encierra muchas cosas con las que relacionamos a la Shoá. Él demuestra que los nazis no terminaron con la dignidad de las personas, no pudieron transformar a todos en los monstruos que ellos esperaban, o creían, que eran.
Sin embargo, Korczak no fue sólo alguien que murió, sino alguien que vivió. Él intentó revolucionar la pedagogía, el trato a los niños. De ahí que puede considerarse que intentó cambiar al mundo. Y no se quedó simplemente en la teoría, sino que llevó a la práctica todos sus ideales, hasta las últimas consecuencias.
En mi trabajo voy a contar sobre su vida, su muerte y, de una manera básica, sobre sus pensamientos. Vale aclarar que el fue maestro, pedagogo, y médico, entre muchas otras cosas.

Biografía

Korczak nació en Varsovia en el seno de una familia de asimilación judía. Su padre Józef Goldszmit probablemente murió en 1896, en sus brazos, dejando a la familia sin fuentes de sustento. Los años siguientes la familia fue obligada a abandonar su espacioso departamento, por lo que durante su adolescencia, Korczak mantuvo económicamente a su madre, hermana y abuela.
En 1898 Korczak participó en un concurso literario bajo el seudónimo de Ignacy Padereswki, nombre originario del libro Janasz Korczak y del Swordsweeperlady de Józef Ignacy Kraszewski. Durante los años 1898–1904 Korczak estudio medicina en Varsovia y escribió numerosas artículos para diarios polacos.
Después de graduarse empezó a trabajar como pediatra y durante la Guerra Ruso-Japonesa de 1905-1906 sirvió como doctor de campaña. Mientras tanto su libro "Niños en el cuarto de dibujo" empezaba a ganar cierto reconocimiento literario. Después de la guerra, continuó su práctica en Varsovia y más adelante se hizo cargo del orfanatorio de la calle Krochmala, donde vivió también, su habitación se encontraba en el ático.
Continuó sus estudios en Berlin durante los años 1907 y 1908. Un año más tarde, cuando trabajaba para la Sociedad de Orfelinatos, conoció a Stefania Wilczyńska. Fue nombrado director de Dom Sierot durante los años 1911–1912, el cual fue diseñado por él para niños judíos de Varsovia, allí junto a Wilczyńska, quien se convirtió en su más cercana socia, instituyó una especie de República para los niños, los cuales tenían su propio parlamento, corte y diario. Sin embargo, estas ocupaciones lo obligaron a reducir sus labores como médico.
En 1914 Korczak, durante la Primera Guerra Mundia, se enlistó nuevamente como médico de campaña con el rango de teniente y escribió ensayos pedagógicos durante su tiempo libre. En Kyiv conoció también a Maryna Falska, quien más tarde se convirtió en su ayudante en Varsovia. Regreso a Varsovia antes de que se lograra la independencia de Polonia en 1918.
Después de la guerra retorno a su trabajo en Dom Sirot y fundó otro orfanato llamado Nasz dom (nuestro hogar). Durante la guerra Polaco-soviética sirvió una vez más como doctor, ahora con el rango de mayor pero fue asignado a Varsovia luego de una corta estadía en Łódź, lugar en donde contrajo tifoidea, enfermedad por la cual murió su madre.
En 1926 permitió a los niños iniciar su propio diario, el Mały Przegląd, el cual fue un complemento semanal del diario polaco-judío Nasz Przegląd
Durante la década de los treintas tuvo su propio programa de radio el cual fue cancelado a causa de las quejas de personas antisemitas. En 1933 fue merecedor de la Cruz de plata de la recién restituida Polonia. Durante los anos 1934-1936 Korckzak viajo anualmemte a Palestina donde visitó los kibbutzes, que dio pie a que se incrementaron los ataques antisemitas a la prensa polaca. También debido a esto rompió relaciones con un orfanato no judío para el que trabajaba. Sin embargo, se rehusó a mudarse a Palestina aún cuando Wilczyńska se trasladó para allá en el año 1938.
A inicios de la Segunda Guerra Mundial, en 1939, Korkzac se ofreció una vez más como voluntario del ejército polaco, pero no fue aceptado debido a su avanzada edad. Presenció la toma de Varsovia por las fuerzas armadas alemanas, y fue obligado a trasladar el orfanatorio al Ghetto7 de Varsovia creado por los nazis en 1940, Korczak se mudó con ellos.
Su Familia

Para Korczak, su familia tuvo una gran influencia en su formación. Ésta era de clase media, pero la situación de Polonia no daba seguridad (fue ocupada por Rusia, por Alemania y también fue, y sigue siendo autónoma). Por esto, como está escrito antes, Korczak se vio obligado a sustentar a su familia.
Su padre Jósef, caracterizado por una gran curiosidad intelectual, era abogado.
Su tío Jakub, fue abogado y también periodista, y el abuelo Hirsz, aparte de ser médico, participó activamente en la Haskalá (Iluminismo Judío, uno de sus mayores exponentes es Mendelssohn). Aquí observamos que Korczak tiene ascendencia judía, más allá de su condición de cristiano.

Sus ideales políticos

En su juventud, se unió al Partido Socialista Polaco, en una época en que los partidos socialistas tenían auge e intentaban revoluciones. Korczak se identificaba con estos ideales, pero no concordaba en la forma de llevarlo a cabo que muchos tenían. Para él la teoría era totalmente inútil si no era llevada a la práctica, y criticaba a quienes “se quedaban teorizando”, basándose en información que recibían, sin salir a observar y vivir realmente lo que intentaban cambiar.
Por lo tanto, interrumpió sus estudios de Medicina para trabajar de obrero en una fábrica, y vivir la experiencia del proletariado explotado.

En cuanto a la guerra, Korczak participó como médico en la Guerra Ruso-Japonesa de 1905, en la Primera Guerra Mundial (1914-1918), e intentó ir como voluntario a la Segunda, pero fue rechazado debido a su avanzada edad.
Como consuelo, él consideraba que iba a la guerra a salvar vidas, no a quitarlas. Él estaba totalmente en contra del régimen zarista, y debió defenderlo en dos guerras. Pero, en las tiendas de campaña de los heridos, hacía propaganda pacifista, e intentaba conseguirles prolongadas licencias, o incluso los daba de baja. Por esta actitud, tuvo inconvenientes con las autoridades sanitarias del ejército, que veían en él una amenaza (hay que tener en cuenta que las autoridades de los ejércitos del zar eran nobles, por lo que pertenecían a una clase social diferente de aquellos a quienes dirigía, y, en su mayoría, no sentían la menor compasión, ni se hermanaban con quienes peleaban en el frente por y para ellos).

El seudónimo Janusz Korczak

Este seudónimo lo adopta en 1898, cuando presentó, en el certamen I. Paderewski, una obra teatral llamada “¿Cómo?”. Este seudónimo lo empleó siempre, salvo cuando publicaba cosas relacionadas con la medicina.

Su carrera médica
Como hemos dicho, Janusz Korczak inició sus estudios de medicina en 1898. Sin descuidar sus estudios médicos se dedicó al periodismo, participando en la Sociedad de Higiene de Varsovia. Además, escribió importantes obras literarias, trabajó en un hospital y fue también maestro y educador. Entre otras cosas, fue médico y preceptor en colonias veraniegas para niños. Efectuó algunos viajes. En 1899 visitó Suiza, donde se interesó por cuestiones de la
salud pública y por las ideas pedagógicas de Pestalozzi.
En marzo de 1905 obtuvo el título de médico. Movilizado y enviado al frente rusojaponés, trabajó en los centros de evacuación de Harbin y Tao’an Xian y más tarde en Khabarovsk. Fue testigo directo de los horrores de la guerra, y a fuerza de curar a los demás cayó enfermo. Regresó del frente al cabo de varios meses.
Mientras estuvo en el frente asiático fué también corresponsal de guerra. La tragedia de la guerra no le impidió escribir ni enviar artículos, incluso sobre temas sociológicos o educativos.
De regreso a Varsovia, prosiguió su actividad periodística: publicó artículos en revistas médicas, por ejemplo, Krytyka Lekarska [La crítica médica] y también en forma de libro. Se ocupó, entre otras cosas, de la situación de la salud pública, de los problemas médicos y de la labor de las parteras.6 Además, dictó muchas conferencias sobre temas médicos.
Con objeto de ampliar sus conocimientos profesionales, en 1907 efectuó un viaje de estudios a Berlín y, en 1909, a París. En esa época publicó artículos sobre los cuidados a los recién nacidos, como el titulado “Waga dla niemowlat w praktyce prywatnej” [La balanza para niños en la práctica privada], o el que lleva por título “O znacseniu karmienia piersia niemowlat” [La importancia de la lactancia materna] y “Niedziela lekarza” [El domingo del doctor], “Kropla mleka, czy niedziela lekarza?” [¿Una gota de leche o el domingo del
doctor?]
A diferencia de sus otras publicaciones, firmó por lo general sus contribuciones médicas con su verdadero nombre, Henryk Goldszmit. Estos artículos se publicaron hacia 1910.
También durante la Primera Guerra Mundial debió ejercer su profesión de médico en circunstancias trágicas. Fue jefe de sala en un hospital de campaña en el frente ucraniano, donde los niños heridos le causaron una honda impresión. En 1917 se ocupó de alojar a los
niños sin hogar en Kiev.
Janusz Korczak fue reduciendo gradualmente su actividad de medico y cada vez consagró más tiempo y energías a la educación, tanto en sus aspectos prácticos como teóricos. Sin dejar de ejercer su profesión de médico, la fue abandonando poco a poco, por no pensar que fuese la manera más eficaz de mejorar el mundo. La medicina puede prevenir y curar las enfermedades, lo que no puede hacer es mejorar a las personas. Prefirió así la labor de maestro
y de educador que le ofrecía más posibilidades de influir en las mentalidades y de mejorar la sociedad.

A partir de aquí, observamos que Korczak daría un nuevo rumbo a su vida, consagrándola a la pedagogía, la educación y el periodismo, todo esto por vocación.

La obra periodística y literaria
Korczak es autor de una impresionante obra periodística y literaria. Las bibliografías más recientes y completas de su obra publicada comprenden un millar de títulos, y de ellos 24 libros.19 Sus textos breves y periodísticos son de una extraordinaria variedad formal y diversidad temática. Sus contribuciones periodísticas consisten sobe todo en columnas breves y bocetos humorísticos. Korczak inició su actividad en la materia con contribuciones a la revista satírica
Kolce (Las púas). En 1901 había llegado a dar a esta contribución un carácter constante y regular. En la “Columna de púas” publicó numerosos bocetos humorísticos breves, ensayos, diálogos y anécdotas. En 1904, contaba ya con más de 200 textos publicados en Kolce en el lapso de nueve años.20 En sus comentarios sobre las conductas sociales y los temas cotidianos de Varsovia, criticaba la mentalidad tradicional de la gente y, en especial, la moral burguesa, la hipocresía y la presunción. También criticó la manera tradicional de educar a los niños y a los adolescentes y, sobre todo, a las niñas; ironizó acerca de las modas, poniendo de relieve las dificiencias de las escuelas y de los sistemas educativos. En numerosas ocasiones describió la realidad de los barrios pobres.
En los años 1899, 1900 y 1901 publicó numerosos artículos en Czytelnia dla Wszystkich [Lecturas para todos], semanario destinado a la divulgación y a la acción social,21 donde escribió sobre temas sociales y de divulgación científica. En 1904 y 1905 colaboró en “Glos - Tygodnik Naukowo-Literacki, Spoleczny i Polityczny” [La voz: semanario científico, literario, social y político], órgano de la intelectualidad progresista en la que publicaron, entre otros, los
conocidos escritores S. Brzozowski, S. Przybszewski y S. Zeromski, el educador y psicólogo J. W. Dawid y el famoso militante socialista J. Marchlewski. En esa época conoció a la famosa escritora Z. Nalkowska y a L. Zamenhof, el creador del esperanto.
En 1904-1905, Korczak publicó en Glos unos sesenta artículos sobre cuestiones sociales, políticas y educativas. Son pequeños cuadros sobre la vida de los niños de Varsovia, artículos polémicos y notas breves enviadas desde el frente ruso-japonés. Cuando Glos dejó de publicarse en 1906, participó en las revistas Przeglad Spoleczny [Revista Social] y Spoleczenstwo [La sociedad]. A medida que se desarrollaba su experiencia pedagógica, dedicó un mayor número de artículos a los problemas de educación y abordó también la literatura infantil. Publicó poemas y cuentos, así como los relatos novelados Moski, Josky i Srule y Józki, Jaski i Franki, donde consignó sus experiencias en las colonias infantiles.
Los textos destinados a los niños se hicieron más numerosos y después de algunos relatos breves publicó los libros Król Macius Pierwszy [El rey Matías I], Król Macius na bezludnej wyspie [El rey Matías en una isla desierta], Bankructwo malego Dzcka [La quiebra de Juanito] y Prawikla Zycia [Normas de vida], que alcanzaron gran éxito y fueron objeto de numerosas ediciones. Korczak escribió también artículos especiales para los niños en el periódico W
Sloncu [En el sol], donde abordó complejos problemas políticos y sociales. También escribió muchos textos para el periódico juvenil Maly Przeglad [Pequeña revista] que él mismo había fundado y en cuya redacción colaboraron niños y adolescentes.
Expuso sus ideas pedagógicas y su filosofía de la educación en los libros siguientes: Jak Kochac dziecho [Cómo amar a los niños], Momenty wychowawcze [Momentos educativos], Kiedy znow bede maly [Cuando vuelva a ser pequeño], y Prawo dziecha do szacumku [El derecho del niño al respeto]. Publicó muchos artículos en periódicos pedagógicos; por ejemplo, en Rocznik Pedagogiczny [Anales de pedagogía]; en Praca Szkolma [El trabajo de
las escuelas] y en Glos Nauczycielski [La voz del maestro].
Por último, Janusz Korczak es autor de numerosas obras literarias: novelas, cuentos y la obra teatral Senat szalencow [El Senado de los locos], representada en 1931 con éxito en el teatro Ateneum. La actividad literaria de Korczak disminuyó en la década de 1930. En ese periodo se interesó especialmente por la cultura judía y hebrea y en 1934 y 1936 efectuó viajes
a Palestina. Publicó artículos y cuentos en los periódicos del país, así como en los de la juventud judía de Varsovia.
Publicó también algunos textos sobre higiene, pediatría y medicina social que constituyen prolongaciones de su labor periodística en el campo de la pedagogía. Abordó con éxito otra forma de periodismo en sus charlas radiofónicas de 1935-1936 y de 1938-1939. Las charlas se publicaron en 1939 en forma de libro, con el título de Pedagogika zartobliwa [La pedagogía a
través del juego].
Durante la segunda guerra mundial escribió sus Pamietnik [Memorias], que ocupan un lugar prominente en su bibliografía, ya que se trata de una obra escrita en circunstancias trágicas, en una atmósfera de violencia y angustia creciente.

Su programa pedagógico
Al igual que muchos maestros y educadores contemporáneos, las ideas de Janusz Korczak se desarrollaron bajo la influencia del pensamiento pedagógico de principios de siglo, cuando imperaban las teorías de Dewey, Decroly y Montessori. Se encontraban en auge entonces las ideas del movimiento pedagógico progresista o de la nueva educación. Las escuelas recibían la
influencia de las ideas de otros educadores de Europa y de América. Las nuevas doctrinas psicológicas ejercían una influencia en el desarrollo de las teorías de la educación y en Polonia fueron muy rápidos los progresos en las dos vertientes de la educación y la psicología.
Janusz Korczak entró en contacto desde su juventud con esas ideas. Se interesó por la historia del pensamiento educativo, se familiarizó con la obra de Pestalozzi y de Spencer y estudió las ideas de Fröbel. En sus escritos periodísticos se refirió con respeto y admiración a la obra de dichos autores. Así, por ejemplo, en 1899 escribió en un periódico: “Los nombres de Pestalozzi, Froebel y Spencer tienen tanta importancia como los de los inventores que
anuncian el siglo XX. Lo que han descubierto es mucho más que las fuerzas desconocidas de la naturaleza; han descubierto la mitad desconocida de la humanidad: los niños”.
Korczak fue un admirador de Toistoi; compartía especialmente las ideas plasmadas por Tolstoi en el ensayo “¿Quién aprende de quién a escribir: los niños campesinos de nosotros o nosotros de los niños campesino?”, por lo que respecta a la necesidad de elevarse a la altura de las ideas, las emociones y las experiencias de los niños.
El programa pedagógico de Korczak se basa en la idea de que es necesario comprender a los niños y compenetrarse con su espítiru y psicología, aunque lo primero ha de ser repetarlos y amarlos, tratándolos como compañeros y amigos. Para decirlo con sus propios términos: “No es correcto decir que los niños llegarán a ser personas: son ya personas .... Son personas
cuyas almas contienen la semilla de todas las ideas y emociones que poseemos. Hay que orientar con delicadeza el crecimiento de esas semillas”
La idea de que los niños no difieren mucho de los adultos inspira gran parte de la actividad de Korczak. Para él, el niño debe ser tratado como un ser respetable, pensante y sensible al igual que los adultos. Afirmó que las principales diferencias entre los niños y los adultos se sitúan en la esfera emocial, por lo que correspondía estudiarla y adquirir la capacidad de
participar en las experiencias infantiles.
El estudio de sus actividades y de sus escritos permite encontrar muchas otras ideas esenciales de su programa pedagógico y que hoy conservan todavía toda su vigencia.
Aparte de las ideas ya mencionadas sobre la condición social del niño, cabe mencionar sus reflexiones sobre la necesidad de introducir nuevos métodos de enseñanza en la escuela.
Criticó la enseñanza tradicional, el divorcio entre los programas escolares y la vida, así como el formalismo excesivo de la relación entre maestros y alumnos. Abogó por que se crearan escuelas en las que los niños se sintieran a gusto, recibieran una enseñanza interesante y útil y donde se desarrollaran relaciones armoniosas entre maestros y niños. Subrayó la necesidad de crear un sistema global de educación mediante la cooperación de la escuela, la familia y las
diversas instituciones sociales.
Es indudable que esas ideas emanan en parte de la pedagogía de la época sobe la Nueva Educación aunque son también fruto de las propias experiencias y de las reflexiones de Korczak. La originalidad de sus conceptos educativos se puso claramente de manifiesto en la labor que desempeñó en los reformatorios, orfelinatos y colonias de vacaciones para niños.
Las medidas de educación y protección que Korczak aplicó en su trabajo con los niños, en apariencia secundarias y sin importancia, constituyen en realidad una serie de acciones lógicas, coherentes y bien concebidas. Por ejemplo, pensó que un grupo de niños sólo puede funcionar bien si se le brindan las condiciones adecuadas de vida cotidiana. Prestaba pues atención a los
locales, a la dieta, a las oportunidades de reposo y a la higiene. En este sentido, actuó en calidad de representante típico de la pedagogía contemporánea por la mucha atención prestada a esos asuntos, y de médico consciente de la importancia que tienen esos factores en el desarrollo del niño.
Una de las ideas centrales de la pedagogía de Korczak es que hay que proporcionar a los niños, en la medida de lo posible, una atmósfera educativa propicia en el hogar. En el caso de los niños que viven con su familia, la creación de esa atmósfera corresponde a los padres; en el caso de los huérfanos o de los niños que, por uno u otro motivo, carecen de familia, el clima educativo propicio debe ser creado en el orfelinato o institución-hogar. En estas instituciones, son los propios alumnos quienes deben cumplir las funciones de miembros de la familia. Así, los mayores han de ocuparse de los niños más pequeños y participar en las actividades del hogar. Para que esa participación tenga sentido, deberán ocuparse de tareas específicas.
Inculcar el respeto del trabajo y hacer comprender su necesidad son aspectos importantes del programa educativo de Korczak.
La autonomía
Korczak estimaba que la introducción de los principios de autonomía debía convertirse en una característica importante de la labor pedagógica con los niños. Junto con los adultos, los niños debían elaborar las normas de vida de la institución y ocuparse de que se respetaran. Esta forma auténtica de autonomía fue introducida por Korczak en los orfelinatos donde trabajó.
Estableció dos órganos de autonomía: un cosejo autónomo y un sistema de arbitraje, ambos integrados por niños. El establecimiento de normas que debían ser respetadas tanto por el personal como por los alumnos constituía un ingrediente importante de la autonomía.
En esa atmósfera de autonomía y responsabilidad compartida, los niños tenían muy en cuenta la opinión de sus camaradas y del personal en cuanto a las tareas cumplidas, el progreso en los estudios y otrso asuntos relativos a la vida del grupo o sus componentes. Se prestaba así mucha atención a las diversas formas del intercambio de opiniones: diarios internos, asambleas y plebiscitos. Estos últimos constituían una idea original de la pedagogía de Korczak y se desarrollarían más tarde en sociometría.
En un artículo breve no es prosible presentar todos los aspectos importantes, ni siquiera los principales, de un programa pedagógico tan rico y variado como el establecido por Janusz Korczak. Los ejemplos mencionados permiten formarse una idea de su actitud profundamente humana, es decir, de un educador que creaba su propio programa con la mente y el corazón; a su juicio, dar a los niños el máximo de libertad dentro de un orden necesario significaba “aportar por lo menos un rayo de luz a sus vidas tristes y oscuras”.
Sin embargo, el éxito mayor de Korczak no fue el de haber formulado e iniciado ese programa. La principal razón de la aceptación, respeto e incluso admiración que por él se siente reside en la excepcional perseverancia con que llevó a cabo este programa en la práctica.
Su labor de educador y docente
Las primeras actividades pedagógicas de Korczak se desarrollaron en su época de estudiante de medicina, cuando trabajaba en las colonias de vacaciones para niños. En 1904 lo hizo en las colonias para niños judíos de Michalowka, distrito de Ostrów Mazowiecki. Ya en aquella época aplicó algunas de sus ideas sobre la organización de la vida de una comunidad infantil: tareas especiales, sistema de autocontrol, plebiscitos.
Volvió a ocuparse de las colonias infantiles en los veranos de 1907 y de 1908, lo que le permitió hacer otras experiencias y ensayar nuevas soluciones a los problemas pedagógicos.
En 1910, adquirió una parcela en Varsovia con objeto de construir un orfelinato en el que aplicó en los años 1912-1914 su programa pedagógico a la vida cotidiana de la institución.
De regreso del frente de Ucrania, reanudó de inmediato su labor educativa. Colaboró con el Instituto de Educación “Nasz Dom” [Nuestro Hogar] de Pruszków, cerca de Varsovia. En el Orfelinato de Varsovia contribuyó a superar numerosas dificultades, sobre todo de orden material. También ayudó a la directora a aplicar el programa educativo. Siguió participando en la dirección de la institución cuando ésta se trasladó a Varsovia unos años más tarde, y su
colaboración con “Nasz Dom” se mantendría hasta 1936.
Además de estas actividades educativas, Korczak ejerció en numerosas oportunidades la docencia en diversas escuelas. En 1901 trabajó en una escuela clandestina para niñas que dirigía S. Sempolowska, notable activista social, educadora y periodista.
Korczak se ocupó también de la vulgarización de estas cuestiones en la Sociedad Filantrópica de Varsovia, dando conferencias gratuitas, y en la Sociedad de Higiene de Varsovia. A partir de 1900 estuvo vinculado a la Universidad Volante, sistema clandestino de enseñanza que existía en Varsovia bajo la ocupación rusa. En 1905-1906, ese sistema fue legalizado y pasó a denominarse Sociedad de Cursos Científicos. Después de 1915, cuando se creó la Universidad Polaca Libre, Korczak entró a participar en la misma. En 1922 dictó un curso en el Instituo Nacional de Educación Especial, destinado a la formación de personal especializado para los impedidos y niños difíciles. Dictó también numerosos cursos y conferencias para el público en general y para grupos científicos.
En 1939, Korczak reanudó su actividad educativa. En un orfelinato se ocupó de los niños desamparados a causa de la guerra. A costa de grandes esfuerzos y de sucesivos traslados, logró mantener en funcionamiento el orfelinato, destinado a niños judíos y confinado en el perímetro del ghetto. En 1942, Janusz Korczak y sus niños fueron transportados al campo de Treblinka, permaneciendo con ellos hasta el trágico final.

En el Ghetto de Varsovia

La potente voz de Korzcak, la que hablaba de respeto y de tolerancia, llegaba más allá de los orfanatos a través de la radio y de un programa que se escuchaba en toda Polonia: Las charlas del viejo doctor. Pero el nazismo avanzaba, y de su mano llegaba a Varsovia el antisemitismo y el fanatismo racial. Primero decretaron el silencio. Luego llegó la invasión. Janusz, una vez más, desafía al poder al desempolvar su viejo uniforme de oficial polaco para adoptarlo como prenda obligatoria. Es su signo distintivo. Así utiliza la rebeldía pasiva como forma vital de resistencia, como cuando los nazis crean el Gueto de Varsovia y a esa barriada judía deciden trasladar también el asilo. En ese momento muchos amigos lo tientan para que se quede en la parte aria, pero Korczak decide seguir con los niños. “Ahora tengo que estar más que nunca con ellos”, es la respuesta que ensaya a sus amigos, quienes quieren salvarlo y lloran de tristeza cuando lo ven por las calles con su viejo sobretodo y una bolsa sobre sus hombros en busca de comida. Golpea las puertas de los judíos ricos y les exige que contribuyan con dinero o papas para alimentar a los niños. Poder alimentarse era muy complicado, ya que el hambre era parte de la estrategia nazi. El historiador Ver Marx habla de eso al señalar que la idea de “matar por el hambre fue premeditada”. Señala que hubo una política de discriminación alimentaria calculada en calorías: en Varsovia los alemanes tenían derecho a 2.310 calorías, los polacos 634 y los judíos 164. Pero había gente del otro lado del muro que pudo conservar su riqueza. Y es a ellos a los que Korczak exige comida o dinero, muchas veces de forma violenta. Pone en claro que muchos de ellos, sobre todo los que pertenecen al Judenrat, ayudan a los nazis. “Korczak podía decir en el mismo momento algo muy agradable y algo muy doloroso. Él tenía un modo muy feo, agresivo, con insultos para pedirle dinero y comida a los ricos”, dice Lenna Garsteteien, escritora polaca, sobreviviente del gueto, que reside actualmente en Buenos Aires, y conoció al “viejo doctor”. El mismo Korczak cuenta en El diario del gueto: “Yo exijo por comida, no pido”. Pero, aparte del odio de los hebreos acomodados, Korczak se gana el de los nazis que lo detienen una y otra vez por resistirse a llevar el brazalete con la estrella de David, distintivo que debían portar todos los judíos. Korczak responde: “Hay leyes humanas y hay leyes divinas. Las humanas son transitorias, las divinas son eternas. En mi vida sólo obedezco a las leyes divinas, eternas. Y la ley que ordena usar brazalete a los judío, la considero humana, transitoria. Por eso no voy a obedecerla”. En medio de tanta desolación busca pequeñas herramientas que pudieran hacer sobrevivir a los niños en el asilo del gueto, que era una ex fábrica abandonada, totalmente destruida e inhabitable. Korczak pidió a sus amigos de la parte aria que le regalaran reproducciones en colores de pinturas para adornar las paredes del orfanato y brotes de malvones rojos para las ventanas del edificio, que regaba todas las mañanas. A la noche escribe, no para de contar todo lo que pelea y sufre cada día, sabiendo que la muerte iba a llegar. En esa época se escriben cosas desgarradoras en Varsovia, como el Canto del hambre, fechado el 26 de mayo de 1941, de autor anónimo. “Ven salgamos a la calle, querida: ven a morir por las calles, sobre las duras y tristes veredas. Y trae contigo a nuestros pálidos niños”. Korczak sabía que lo peor, la muerte, estaba muy cerca, y que llegaría pronto. Pero pensaba la manera de llevar adelante esa situación con los niños, porque deseaba que fuera digna. Entonces, preparó con los chicos una obra de teatro El Correo, del poeta indio Tagore, que estaba prohibida por los nazis. Con esa herramienta Korczak pensó que los chicos podrían tener una visión naturalista de la muerte, ya que trataba de la historia de un niño moribundo.


Su muerte


La muerte de Janusz Korczak, por sí sola, puede resumir todo lo que el fue, y, aunque él no hubiese hecho todo lo que hizo, el hecho de que alguien que trabaja con chicos renuncie a salvar su vida para estar con ellos hasta el final y morir junto a ellos lo hace una persona destacable.
El 5 de agosto (o 6 de agusto según otra fuentes) los soldados alemanes llegaron al Ghetto para recoger a 192 huérfanos (algunas fuentes mencionan que fueron 196) y a una docena de empleados del orfelinato para llevarlos al campo de exterminio en Treblinka. A Korkzac le fue ofrecido santuario en el "Aryan side" de Varsovia pero lo rehusó repetidas veces pues decía que no podía abandonar a sus niños y que sólo aceptaría la oferta si se le permitía llevar consigo a sus niños. De este modo, el día señalado los niños vestidos con sus mejores ropas y cargando su juguete o libro favorito caminaban en procesión junto a Korkzac hacia a punto de embarque, rumbo a los campos de la muerte. Joshua Perle, un testigo del hecho describió el evento:
"... había ocurrido un milagro, doscientos niños que no lloraban, doscientas almas puras condenadas a la muerte y no derramaban una lágrima. Ninguno trato de huir, ninguno trato de escapar. Tragando su dolor se aferraban a su maestro y mentor, a su padre y hermano Janusz Korczak, quien los protegería. Janus Korckzak marchaba con la frente en alto, sosteniendo la mano de uno de sus niños, no llevaba sombrero, tenía una correa de cuero alrededor de su cintura y calzaba botas altas. Los doscientos niños meticulosamente y prolijamente vestidos seguían a las enfermeras hacia el altar (...). Por todos lados, los niños estaba rodeados de alemanes, ucranianos, y en ese momento también por la policía judía quienes les lanzaban golpes con las macanas o garrotes y les disparaban con armas de fuego. Las misma piedras de la calle lloraba en silencio al ver la procesión."

Según una leyenda popular, cuando el grupo de niños finalmente llegó al punto de embarque, un oficial de la SS reconoció a Korckzac como el autor de uno de los libros favoritos de sus hijos y le ofreció ayuda para escaparse, sin embargo una vez rechazo la oferta y abordo el tren con sus niños, tras lo cual nunca mas se supo de él.
Tiempo después, se iniciaron rumores de que el tren había sido desviado y que Korkzak y sus niños habían sobrevivido al holocausto. No obstante, no se encontraron fuentes verificables de esta historia y lo mas probable es que tanto él como los niños hallan sido asesinados en la cámara al arribar a Treblinka. En el cementerio Powązki de Varsovia se le ha dedicado un mausoleo conmemorativo.

Relación con Argentina

Aunque Korczak jamás visitó Argentina, el escritor rosarino Rubén Naranjo escribió sobre él un libro llamado “Maestro de la humanidad”
Sinopsis:
Después de haberse ordenado el traslado del asilo judío a la zona del gueto, mantuvo la responsabilidad de su funcionamiento. Finalmente los nazis dispusieron el envío de todos los niños al campo de exterminio de Treblinka y Korczak permaneció junto a ellos pese a no estar obligado a viajar: "soy el preceptor y debo acompañarlos". El libro intenta una aproximación a su vida y obra. Trata la organización interna de los asilos exaltando las normas de convivencia que posibilitaban la vida cotidiana. Testimonios de ex internados y de ex docentes hacen posible recomponer el clima de amor que vivieron más allá de las tremendas condiciones impuestas por el nazismo. En la obra se transcriben textos de Korczak que muestran la firmeza de sus convicciones, la belleza de su estilo y el respeto absoluto que sintió por los niños. El 5 de agosto de 1942 fue asesinado en Treblinka junto a los docentes y los 200 niños del Asilo de Huérfanos Judíos de Varsovia.
Aquí, una entrevista que se le realizó:
Germán de los Santos
Ruben Naranjo, autor del libro Janusz Korczak, maestro de la humanidad, publicado por la editorial Mila, traza en la biografía del médico polaco elementos que definen la esencia del trabajo y la vida de Korczak. Naranjo eligió la palabra “rebelde” para definir su personalidad, su forma de vida, pero advierte que “tenía muy claro contra lo que se rebelaba”. “Y a esa claridad se llega conociendo muy bien el poder, que siempre estaba en su contra”, señala. Naranjo junto a Marcela Lapenna, coordinadora de diversos programas para niños en situación de riesgo, y Liliana Audiffred ofrecerá mañana una charla en el Complejo Cultural de la Cooperación (Urquiza 1539) bajo el título “Janusz Korczak, ayer y hoy”. En una entrevista con El Ciudadano, Naranjo –actual director de la editorial de Amsafé– advierte que “muchos tienen la imagen de Korczak como la de un maestro o médico buenito, que sólo se remite a cuidar y educar a los niños, y eso no es cierto, porque Korczak salió a enfrentar a la sociedad que maltrataba a los chicos. Él exigía a los poderosos en términos sumamente hostiles, severos”. Naranjo cuenta que “algunos sobrevivientes de aquella época relatan que muchos preferían enviarle un cheque a Korczak para evitar toparse con sus reclamos”. —Usted en el libro compara la vida de los niños en Varsovia y en Rosario. —Lo que pasa es que ciertas condiciones no han cambiado en la actualidad, la de la gente a la que hay que exigirle y el maltrato a los niños. Porque Korczak, además de darle las condiciones materiales para que los chicos pudieran vivir, les posibilitó que se sintiesen seres enteros, completos, dignos. Y les dio el afecto necesario para que pudieran desear ese afecto. Esos afectos no existen hoy en la sociedad. Por eso no hay una réplica de esa obra en la sociedad contemporánea, pero esas realidades no han cambiado demasiado. Suelo hacer referencia a un hecho circunstancial pero que es muy claro al respecto: Korczak escribió en 1901 un libro que se llama Los chicos de la calle, donde describe y definen las condiciones de vida de los chicos de la calle de Varsovia. Y esas condiciones, lamentablemente, se ven todos los días en la ciudad. La sociedad contemporánea es muy progresista en algunos aspectos de su desarrollo tecnológico, y tan deficiente en los campos sociales.



Conclusión

Además de todo lo que leí sobre la vida de Janusz Korczak, pude leer un libro escrito por él: “Si yo volviera a ser niño”.
En esta obra, el autor relata una ficción en primera persona (con él como protagonista), en la que se le cumple el deseo de volver a ser niño, como su título indica. Esta transmutación no lo convierte en un adulto en cuerpo de niño, sino que empieza a sentir y a pensar como niño. Reconoce errores que cometía siendo maestro, y de ahí, errores que cometen muchos de quienes tratan con chicos. Ya desde su breve prólogo, el reconoce que los adultos consideran que para comprender a un niño, deben descender. Él cree lo contrario, y no subestima a los pequeños para nada. A partir de su “experiencia”, el se da cuenta de que los chicos se enfrentan a conflictos tan complejos como los de los adultos, y no difieren mucho de éstos. Es más, cuentan con facultades de las que los más grandes carecen, tales como la completa inserción en un tema, el interés en todo aquello que los rodea.
En un episodio, Korczak (en su forma de niño, por supuesto) se enfrenta a un chico más grande, que lo golpea sin motivo aparente. Tras una huida, él concluye en que de haber sido adulto, hubiese acudido a la policía. Un niño jamás pensaría en hacer eso. De aquí que observa que los chicos son más autosuficientes que los adultos.
Su forma de pensar puede ser considerada una base para la forma en que deberían se educados los niños. Si bien muchas de estas cosas se cumplen, aún no se ha conseguido dar a los chicos el mundo que Korczak intentó entregarles sacrificando incluso su vida.
A partir de la película polaca “Korczak”, de 1990, pude ver muchas actitudes de él que no imaginaba, que los libros y la información escrita no me habían revelado.
Ésta película trata sobre los últimos años de su vida, tratándose la mayor parte de ésta de su vida en el ghetto y su lucha por la subsistencia. Además de negarse a a abandonar a los niños repetidas veces, luchaba por conseguirles comida (hasta el último día pudieron tener 3 comidas diarias, por ejemplo, desayunando huevos revueltos el 5 de octubre, día de la deportación). Los líderes del Levantamiento lo criticaban por confraternizar con los judíos ricos y “traidores” (éstos pertenecían al Consejo Judío, el Judenrat, y decidían cómo administrar los víveres que daban los nazis, y quién debía ser deportado y quién no). Los revolucionarios, a sabiendas de que Korczak estaba de parte de los necesitados, lo acusaban de imprimir la pasividad a sus alumnos, y de perder la dignidad. Ante esta acusación, Korczak respondía simplemente: “Yo no tengo dignidad, tengo 200 niños a los que cuidar”.
En mi opinión, esa frase resume todo lo que él significa, así como la frase: “Hay leyes humanas y hay leyes divinas. Las humanas son transitorias, las divinas son eternas. En mi vida sólo obedezco a las leyes divinas, eternas. Y la ley que ordena usar brazalete a los judío, la considero humana, transitoria. Por eso no voy a obedecerla”. Aquí, vemos su valentía, su manera de rebelarse contra los ocupantes nazis. Él sacrificó toda la fama y fortuna que podía conseguir, por ponerse al servicio de quienes más lo necesitaban.
Los juicios en el orfanato (criticados por otros pedagogos, que no soportaban que los juzguen niños) me parece una medida muy admirable. Permite a los niños sentir que realmente tienen poder, y les da una noción de justicia que difícilmente adquirirían en otros ámbitos. Les permitió organizarse como una sociedad, y, así, demostrarles a ellos mismos que no hay motivos para subestimarlos (aún hoy en día, se subestima a los niños, considerándolos inferiores). Además, consigue una manera de disciplina mucho más pura y justa que el típico reto. Este sistema, al día de hoy, sólo fue implementado por Janusz Korczak.
Él es un ejemplo de lucha por los ideales, un ejemplo a imitar. Su método, basado en la práctica, en la vida en carne propia, puede conseguir más frutos que la teoría. Él consagró su vida a sus ideales, viajando por el mundo, y capacitándose continuamente. Luchó contra la injusticia de la sociedad, pero nunca conformó un ente para conseguir sus fines. Tal ver por esto, quedó muy “solo” en su lucha, que aún no está perdida.
El Holocausto puso una traba definitiva a su lucha, y dejó sin su paladín a sus niños. Pero el mensaje que me transmitió es positivo, y su muerte, la más digna posible, no hace más que acentuar su lucha. Sus ideas, hoy, fines de 2006, se encuentran intactas, y los nazis no pudieron destruirlas.

Bibliografía:
-Si yo volviera a ser niño, Korczak, Janusz, Ed. Siglo Veinte, 1979
-Revista “Cultura Polaca”, 2003
-http://www.ibe.unesco.org/publications/ThinkersPdf/korczaks.PDF
-www.wikipedia.org
-www.google.com.ar
-Película “Korczak”, 1990, de A.Wajda (Polonia) (Adquirida gracias a la Fundación Memoria de la Shoá, que me la proporcionó, habiendo sólo una copia en Argentina).

2 comentarios:

Cecilia dijo...

Lo leo bastante tiempo después de su publicación, pero quiero felicitar al autor, porque es un excelente trabajo que leí con pofundo interés.
Graciasa

Profesora Ruth Garcia dijo...

Gracias, es maravilloso que muchos estemos de acuerdo con este pedagogo.
¿se podrán conseguir sus publicaciones en Glos?Pueden ser un disparador para poder pensarnos hoy...